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Cartagena de Indias.- Algunos piensan que las decisiones del poder central o de las dirigencias nacionales de los partidos tienen mayor peso político que el arraigo territorial y la influencia de los liderazgos locales. Otros sostienen exactamente lo contrario. Al menos la historia política de Guerrero ha demostrado, una y otra vez que, el arraigo territorial ha terminado por imponerse al poder central.
Hace unos días, Esthela Damián Peralta, aspirante a coordinar los trabajos de defensa de la cuarta transformación en morena, afirmó en una entrevista radiofónica que los guerrerenses y los medios de comunicación deberíamos dejar de ver a Guerrero "como el ombligo del mundo". En esencia, sostuvo que el verdadero debate se encuentra en la defensa de la soberanía nacional y en la disputa entre dos proyectos de país: uno conservador y otro de izquierda. Desde esa perspectiva, pareciera que las discusiones locales deberían pasar a un segundo plano frente a la agenda nacional.
Sin embargo, esa visión merece una reflexión.
Lo global no puede entenderse sin lo local
Los estudios sobre gobernanza y desarrollo territorial sostienen justamente lo contrario: lo global no puede entenderse sin lo local. Es en los territorios donde se implementan las políticas públicas, donde cobran vida los acuerdos nacionales e internacionales y donde se mide el éxito o el fracaso de las decisiones del Estado. Pensar desde lo local no significa desentenderse de la agenda nacional; significa reconocer que ningún proyecto de nación puede consolidarse si desconoce las realidades de sus regiones.
El problema surge cuando el territorio deja de ser el punto de partida de las decisiones públicas y el desarrollo económico o la lógica del poder central comienzan a colocarse por encima de la identidad de los pueblos. La experiencia latinoamericana demuestra que, en nombre de la modernización, del progreso o de la integración nacional, con frecuencia se han impulsado modelos que terminan debilitando las identidades locales, homogeneizando expresiones culturales y desplazando formas propias de organización política y social.
Pensar desde Guerrero no significa ignorar la agenda nacional
Pensar desde Guerrero no significa cerrarse al mundo ni renunciar a la agenda nacional. Significa reconocer que el desarrollo solo es sostenible cuando se construye sobre la identidad de los pueblos. La memoria colectiva, las tradiciones, la diversidad cultural y el patrimonio son activos estratégicos que fortalecen el tejido social. Minimizar la importancia del territorio implica, también, minimizar aquello que otorga sentido de pertenencia y cohesión a una comunidad.
Es muy arriesgado pedir a los guerrerenses y a los medios de comunicación que dejen de pensar desde su realidad inmediata, porque es precisamente en esa realidad donde se viven los problemas que durante décadas han marcado al estado: la inseguridad, la presencia del crimen organizado, la pobreza, la desigualdad, el rezago educativo, la violencia contra las mujeres, el machismo y el aprovechamiento histórico de sus recursos naturales sin que esa riqueza se traduzca plenamente en bienestar para su población.
La función de comunicar y la construcción del debate político
Los medios de comunicación, además, cumplen una función esencial en la construcción del debate público: informar, contextualizar y dar voz a las problemáticas de su entorno. Difícilmente un periodista puede narrar Guerrero y sus municipios únicamente desde una visión nacional, porque su responsabilidad es explicar lo que ocurre en el territorio que conoce y donde suceden los hechos. Informar desde lo local no significa ignorar la agenda nacional; significa comprender que la realidad del país se construye a partir de la suma de sus regiones y que el periodismo adquiere sentido cuando interpreta los acontecimientos desde el contexto en el que ocurren.
La historia de Guerrero y de Acapulco, es una historia de resistencia frente al centralismo y al despojo, por lo que, resulta revelador que, al referirse al estado, se utilice la expresión "lo que nosotros, en la Ciudad de México, llamamos provincia". Esa frase no es solamente una referencia geográfica; refleja una manera de concebir a Guerrero desde una lógica donde el centro define las prioridades y las regiones aparecen como espacios periféricos que deben adaptarse a ellas.
En el fondo, la discusión no consiste en decidir si Guerrero debe mirar únicamente hacia sí mismo o exclusivamente hacia la agenda nacional. El verdadero desafío es construir un equilibrio entre ambas dimensiones, reconociendo que una nación fuerte también necesita territorios fuertes, con identidad, liderazgo y capacidad para definir su propio rumbo. Pensar desde Guerrero no significa darle la espalda a México; significa aportar a la construcción del país desde la realidad de uno de sus estados.
Quizá por ello la postura de Esthela Damián resulta comprensible. Su trayectoria política se ha desarrollado principalmente en la Ciudad de México y buena parte de su capital político se encuentra vinculada a los espacios nacionales de decisión. Es natural que observe a Guerrero desde esa perspectiva. Sin embargo, la historia política del estado ha demostrado una lógica distinta. Aquí, el arraigo territorial cuenta tanto o más que la cercanía al poder central. En Guerrero, la legitimidad no se decreta desde una oficina en la capital del país o pidiendo a los medios de comunicación y a los guerrerenses que dejen de pensar y sentir desde Guerrero ; se construye recorriendo los municipios, entendiendo las regiones y compartiendo la historia, la cultura y las causas de su gente.