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Por Eduardo Serna
Opinión.- En tiempos de la barbarie, lo primero que desaparece es la justicia. Estamos hablando de la instalación de la nueva ley de la selva, en donde prevalece el más “fuerte”.
Espero no ser tomado como heraldo apocalíptico, sino como una persona que intenta desesperadamente arraigarse en la lectura de una realidad que se decanta en narrativas fangosas que francamente dibujan panoramas alarmantes.
Hay eventos que suceden alrededor del mundo; algunos con cobertura mediática mínima; por lo tanto, ni siquiera nos enteramos de manera adecuada sobre alguna comunidad o grupo de personas que están padeciendo de injusticias.
En cambio, sí tenemos casos en los que hay cobertura periodística masiva que esconde una intención; podríamos llamarla, de mala fe, inundada de noticias falsas, distorsiones y cortinas de humo, donde solo algunos medios independientes luchan por rescatar una porción de la verdad y llevar a un segmento de la población información lo más verificada posible.
La justicia en retroceso
La justicia fue una construcción que tomó siglos. Desde la Antigüedad podemos ver intentos de organización y justicia, precisamente en una de las zonas más asediadas en estos tiempos: Asia occidental.
En la antigua Mesopotamia surgió lo que se conoce como el primer código de justicia, el primer compendio de leyes que pretendía dar orden a una civilización. Estoy hablando del Código de Hammurabi.
Dichos compendios de leyes, estudiados por expertos y eruditos, atravesaron toda la historia: hubo reyes “justos” que promulgaron leyes, hubo revoluciones en distintos puntos del orbe para instaurar la justicia, hasta que en algún momento se redactó la primera constitución, que fue la Constitución de Córcega (1755), redactada por Pasquale Paoli, considerada la primera constitución moderna.
Así entonces surgieron en las repúblicas jóvenes esta colección robusta de leyes que organizaban a una nación constituida. Así, las civilizaciones se fueron construyendo y erigiendo.
Todo ese camino recorrido para diseñar las leyes sobre las cuales se asentarían las sociedades ha llegado a su fin. Hoy en día, la mayoría de las constituciones son utilizadas para proteger derechos comerciales, para resguardar entes morales corporativos y sus intereses, no a las personas.
A pesar de que hay esfuerzos por regresar la ley para beneficio del pueblo, tal es el caso de México. Aunque las inercias neoliberales siguen protegiendo al capital (muchos años haciendo jurisprudencia para los poderosos y el capital).
Pero más allá, hay un pequeño grupo de “seres humanos”, los neofeudalistas, que son los verdaderos ricos del mundo, a los cuales no les aplica una sola ley; sin embargo, ellos dejan caer el peso de sus intereses e interpretaciones leguleyas sobre pueblos enteros para erradicarlos, en aras de sus inversiones.
Leyes sin consecuencias
No es casualidad, entonces, que veamos manifestaciones de estas actitudes a lo largo y ancho del mundo.
El simple hecho de que un régimen fascista decida bombardear lanchas en cualquier punto de los mares internacionales, interceptar flotas de ayuda humanitaria en aguas internacionales, sin que haya una sola sanción, sin que se obedezca ninguna de las leyes que tardaron siglos en construirse, habla de que las leyes solo aplican para ciertas personas y no para otras.
El hecho de que se pueda cometer uno de los genocidios más grandes y flagrantes que la humanidad haya presenciado, y que nadie pueda detenerlo (esto es lo increíble), es un síntoma claro de que se terminó el tiempo de la justicia y ha dado inicio el tiempo de la barbarie.
Esta degradación sistémica no es una percepción retórica: tiene manifestaciones documentadas en múltiples frentes. En mayo de 2010, el comando israelí interceptó la Flotilla de la Libertad en aguas internacionales, cobrándose la vida de nueve civiles turcos a bordo del Mavi Marmara, sin que se activara ningún mecanismo efectivo de sanción internacional (Amnesty International, 2010).
A esa práctica se ha sumado, en los últimos años, una serie de bombardeos de lanchas en el Caribe, atribuidos a fuerzas de Estados Unidos contra presuntas embarcaciones vinculadas al narcotráfico: según la organización Mission Lifeline y reportes del Wall Street Journal (2025), más de una decena de embarcaciones han sido destruidas en aguas internacionales del Caribe, sin proceso judicial alguno, sin rescate de supervivientes y sin notificación oficial a terceros Estados ribereños, en abierta violación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS, 1982), cuyo artículo 94 obliga a la jurisdicción del Estado del pabellón y cuyo artículo 98 impone el deber de auxilio a náufragos.
A ello se superpone la invasión militar a Venezuela ejecutada en enero de 2026 para capturar al presidente Nicolás Maduro, denunciada por la Corte Penal Internacional como una agresión incompatible con los artículos 2.4 y 51 de la Carta de las Naciones Unidas (UN A/79/PV.39, 2025; Corte Internacional de Justicia, Actividades militares y paramilitares en Nicaragua y contra Nicaragua, 1986, precedente aplicable por identidad de razón).
De forma paralela, el bloqueo ilegal económico a Cuba, vigente desde 1962 y recrudecido con las 243 medidas adicionales del paquete de Presión Máxima impuestas por la administración Trump entre 2017 y 2021, ha sido condenado por 32 votaciones consecutivas de la Asamblea General de la ONU (la más reciente: A/RES/79/7, 2024) y por el Relator Especial Idriss Jazairy (UN A/HRC/43/49, 2019) como una violación masiva de los derechos humanos del pueblo cubano y como un acto de genocidio silencioso según los criterios del artículo II de la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio (1948), por su impacto deliberado sobre las condiciones de vida de la población civil.
Conflictos sin freno
En otro caso el relator especial Michael Fakhri ha documentado cómo el bloqueo a Gaza configura una forma de castigo colectivo prohibido por el Derecho Internacional Humanitario (UN A/HRC/49/73, 2022), y Human Rights Watch (2021) ha subrayado el uso selectivo de la doctrina “Responsabilidad de Proteger”, invocable para intervenir en Libia (2011) pero deliberadamente desactivada cuando las víctimas son sirias, yemeníes o palestinas.
Por eso esto lo describo como “tiempo de la barbarie”; no es metáfora: es la constatación de que las leyes internacionales existen, pero ya no se aplican simétricamente; su cumplimiento depende de quién las invoca, contra quién y desde qué posición de poder.
A esta práctica se han sumado los recientes eventos de la Global Sumud Flotilla, una misión humanitaria compuesta por más de 50 embarcaciones y cientos de activistas de más de 40 países que partió hacia Gaza para romper el bloqueo y entregar ayuda humanitaria.
El 29 de abril de 2026, fuerzas israelíes interceptaron la flotilla en aguas internacionales, a 500 millas náuticas de la costa de Israel. Los activistas fueron secuestrados y sometidos a tortura física y psicológica, incluyendo descargas eléctricas, golpes con balas de goma, agresiones sexuales y fracturas.
El ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben-Gvir, publicó en redes sociales un vídeo donde se le ve paseándose entre los activistas arrodillados y maniatados en el puerto de Ashdod, mientras se burlaba de ellos.
Recordemos también que este mismo sujeto celebró recientemente con champaña la abominable aprobación, por el gobierno de Israel, de la ley de pena de muerte por ahorcamiento, contra presos palestinos.
La Fiscalía de Roma ha abierto una investigación contra Ben-Gvir por posibles delitos de tortura, secuestro, daños con consecuencia de naufragio y robo, mientras que expertos de la ONU han exigido la liberación inmediata de los activistas y han calificado estos actos como una “violación flagrante del derecho internacional”.
De manera paralela, la relatora especial de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, ha documentado en su informe “Tortura y genocidio” (presentado ante el Consejo de Derechos Humanos en marzo de 2026) cómo Israel ha institucionalizado la tortura como un elemento estructural del genocidio y el apartheid colonial contra el pueblo palestino.
El informe señala que la tortura no se limita a los centros de detención, donde más de 18.500 palestinos han sido arrestados desde octubre de 2023, incluidos más de 1.500 niños, sino que se extiende a la destrucción masiva de viviendas, el bloqueo de ayuda humanitaria, los desplazamientos forzados y la hambruna, configurando una “tortura colectiva” en toda la Palestina ocupada.
Albanese ha denunciado que la comunidad internacional ha otorgado a Israel “una licencia para torturar” y ha advertido que el genocidio se ha convertido en “la forma última de tortura del pueblo palestino”. Se calcula una cifra de muertos de 680,000 seres humanos.
Naturaleza sin protección
Pareciese como si fuera un retorno cíclico de la historia, pero no lo es; es una degradación, porque hay condiciones tecnológicas, ideológicas y geopolíticas distintas.
La humanidad enfrenta su momento más oscuro entre la aniquilación por extractivismo y dominación de recursos, y la aniquilación por cambio climático. Porque también están las leyes naturales, que por supuesto no están en control de los seres humanos, pero que al ser trastocadas nos juegan en contra.
Europa enfrenta la ola de calor más fuerte que ha conocido y de la que se tenga registro; así será en el mundo, año con año, hemos venido rompiendo el récord de altas temperaturas en cada una de las regiones.
Esto nos habla de una modificación sistemática: la manera en que vivimos nos va a destruir. Usted se preguntará: ¿qué tiene que ver el clima con las constituciones? La respuesta es: ninguna, la naturaleza ha sido exiliada de la justicia, son muy escasas e insuficientes las leyes que se han emitido para protegerla.
Los síntomas de esto son manifiestos en lo que mencioné anteriormente.
Llamado a la reflexión
Y claro, así como con las leyes, las cortinas de humo surgen para esconder la realidad, para que los poderosos inventen una realidad, nos la inculquen y nos instruyan con falsedades que les permitan obtener más ganancias.
¿Dónde quedamos nosotros? Entre la espada y la pared.
Cada vez que vean a un colectivo protestando, cada vez que vean a un grupo de personas manifestarse, ya sea por actos injustos, por desplazamientos, por extractivismo sin reservas o por el cambio climático, hay que dejar de tener la mente achatada y abrirnos a la posibilidad de que estos pocos que deciden salir a las calles a protestar y alzar la voz tienen razón.
Que una mayoría adormecida, entumecida por los miedos y los medios de comunicación, juzgue a la ligera estas expresiones los vuelve cómplices pasivos del tiempo de la barbarie.
Hay una erosión evidente de los sistemas que, con claroscuros, nos proveían de cobertura legal; cada vez que un ser humano deja de creer y deja de apoyar sus instituciones legales y de orden, nos convertimos en dispositivos útiles al necrocapital que está detrás orquestando todo.
Ahora más que nunca debemos blindar las estructuras civilizatorias que dan protección y que están bajo asedio.
Medios que difundan mentiras comprobadas deberían ser señalados abiertamente; las cortinas de humo que despliegan para desinformar cristaliza en la mente de la sociedad, sofocando la posibilidad siquiera de reconocer la realidad, y eso materializa uno de los más grandes crímenes del siglo XXI.
Como siempre, los invito a reflexionar y a tomar acción.
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