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Guerrero.- En el partido guinda ya no se habla solo de encuestas, ni de quién “jala más gente” en redes o mítines. La conversación interna gira hacia otro tipo de filtro; territorio recorrido, coherencia política y presencia constante donde la gente sí vive, no donde se toman las decisiones.
En ese contexto, Pablo Amílcar Sandoval, uno de los fundadores de Morena, celebró la ruta que ha tomado el reciente Congreso Nacional del partido, particularmente tras la elección unánime de Ariadna Montiel, a quien atribuyen una serie de definiciones que, según dijo, marcan el rumbo del movimiento hacia su siguiente etapa.
Congreso y nuevas reglas internas
Montiel ha puesto sobre la mesa una idea que ha generado eco dentro del partido, las candidaturas no deberían depender únicamente de popularidad o mediciones de opinión, sino de perfiles con trabajo sostenido en territorio, cercanía con la gente y una trayectoria alineada con los principios del movimiento.
El planteamiento, que ya circula entre dirigencias y aspirantes, apunta a reordenar prioridades en la selección de quienes buscarán cargos de elección popular bajo las siglas de Morena.
En el discurso reciente, también se insistió en que la congruencia debe pesar más que el ruido mediático. Es decir, menos estrategia de imagen y más presencia constante en comunidades, colonias y regiones donde el partido busca sostener su base social.
En esa lógica, la llamada Cuarta Transformación no solo se defendería en el terreno institucional, sino en la forma en que se construyen los perfiles que la representan en las boletas.
Lecturas internas y contexto político
La postura de Sandoval no pasó desapercibida en el ambiente interno, donde algunos la leen como una validación del nuevo énfasis en los principios de selección.
Otros, en cambio, ven en este giro una forma de reacomodo rumbo a las próximas definiciones electorales dentro del partido.
En cualquier caso, el mensaje ya está sobre la mesa, en Morena, la popularidad empieza a competir con algo más difícil de medir, pero más pesado políticamente, la congruencia en el territorio.