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Ciudad de México.— La Presidenta Claudia Sheinbaum lanzó una dura crítica contra los exmandatarios Ernesto Zedillo y Felipe Calderón, señalándolos de haber permitido niveles críticos de injerencismo estadounidense en territorio mexicano a cambio de apoyo financiero y operativo.
El "costo" del rescate de Zedillo
Retomando pasajes del libro de Francisco Labastida, excandidato presidencial del PRI, Sheinbaum puso sobre la mesa la naturaleza del préstamo solicitado por Zedillo tras la crisis de 1994. Según la narrativa de la Presidenta, la falta de apoyo de Zedillo a la campaña de Labastida en el año 2000 fue el precio de un acuerdo con Estados Unidos.
“Labastida dice que el gobierno no lo apoyó porque Zedillo negoció 40 mil millones de dólares frente al voto popular”, señaló Sheinbaum. “Si eso no es injerencismo, ¿entonces qué es?”. Para la mandataria, este episodio representa una transacción donde la voluntad electoral fue supeditada a compromisos financieros externos.
El expediente Calderón: armas y soberanía
La crítica se extendió a la administración de Felipe Calderón, centrando el ataque en el operativo “Rápido y Furioso”, que permitió la entrada de armas con chips al país bajo supervisión estadounidense, y en la libertad de operación otorgada a la DEA.
“Calderón dejaba operar en territorio a la DEA e hizo un acuerdo para el llamado Rápido y Furioso. Si eso no es injerencismo, ¿qué es?”, cuestionó. El enfoque de Sheinbaum sugiere que estas alianzas no fueron cooperación, sino una cesión de control sobre la seguridad nacional.
Réplica a Labastida y la crisis en Sinaloa
La mandataria también aprovechó para cuestionar la autoridad moral de Francisco Labastida, quien recientemente ha criticado la gestión de la violencia en Sinaloa y la situación del gobernador Rubén Rocha Moya.
“Ahora él se pone como el juez de todos a explicarle al pueblo de México qué difícil circunstancia vive Sinaloa”, fustigó Sheinbaum, recordando el escándalo del “Pemexgate” y señalando que el propio Labastida admite en su obra que la administración de Zedillo se "entregó" a los intereses de Washington.
Con este discurso, Sheinbaum busca blindar su postura de "no intervención" y respeto mutuo con EE. UU., marcando una línea de fuego contra el pasado neoliberal al que acusa de haber operado bajo las directrices del Departamento de Estado y el Tesoro estadounidense.