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Acapulco, Guerrero.- Bahía ruido, poemario de Diego Montes, es un libro que logra ficcionar la poesía y cuando digo esto, estoy hablando de una ficción dentro de la ficción dentro de una ciudad que no se da cuenta que es homicida y que al final será devorada, absorbida por el mar, quien decidió recuperar el espacio que hace más de 700 años le robó la infanta ciudad.
La ironía del verso “no fue la intención del cadáver habitar una ciudad homicida”, inevitablemente nos recuerda a la tradición narrativa cristiana-capitalista, en donde la víctima es la responsable de su destino manifiesto de ser pobre, asesinado, violada, desaparecido, asesinada y estar siempre a la disposición de estos mecanismos de modernas habitalidades citadinas, sin defensa alguna y sin ningua posibilidad de cambiar o mejorar la corta estancia en esta vida.
Bahía ruido, logra un ritmo sostenido a base de nombrar a una ciudad como un cementerio, pero también como un homicida que se niega aceptar su destino en un tiempo apocalíptico del año 2325 donde algunos meses tienen 34 días y en donde alguien decidió ir a morir y pasar sus últimos días en esta bahía llena de ruidos y de “una ciudad (que) es un metro y medio de profundidad”.

Una ciudad es un ruido, es una bahía, es frígida, es un despojo que advierte a los turistas que “la ciudad es homicida”, que mata a hombres, que arroja infancias vulneradas por acantilados después de haber sido abusadas por turistas pederastas y veladores cómplices.
Bahía ruido es un nosotros en decadencia
La ciudad de Bahía ruido es un nosotros que no sabemos que olvidamos, que asesinamos, que violamos, "que atamos, que esparce edificios hirientes, que muerde las rodillas, que se ilumina con recuerdos de neón". Una ciudad es un ruido que penetra el corazón y el cadáver de la esperanza que murió hace más de mil años.
Bahía ruido, es un nosotros en decadencia, es un Acapulco que se hunde entre la permisiblidad, la indolencia, la violencia, la falta de empatía y los huracanes.
Bahía ruido además de ser una ciudad homicida, es un mar que reclama sus distancias, sus tiempos, sus espacios, es un monstruo que de vez en cuando se despierta para advertir que volverá a recuperar lo que Bahía ruido más bonita del mundo le arrebató para construir ciudades para construir “las piedras se hundirán buscando el fondo”.
Bahía ruido es nuestro espejo con nuestro futuro próximo, dentro de 300 años, Diego Montes nos advierte que el mar recostará sus aguas casi llegando a la parte alta del puerto y que luego se retraerá un metro y medio de profundidad y luego amaneceremos a mitad de la profundidad mar adentro, donde “nos aferramos a no caer, que el mar no nos regrese a la hora de la catástrofe”, porque “nadie aprendió a caer por si mismo”.
Marzo finales del año próximo
“Bahía ya no da al horizonte, se recarga sobre su hombre izquierdo y cierra los ojos, quizá espera que el mar la hunda, quizás el agitar le cansa; de vez en cuando nos acecha, nos dice que tiene hambre, que los cuerpos ya no le antojan”.
Bahía ruido de Diego Montes se presentó en la X Feria Internacional del Libro Acapulco 2026, fue presentado por Erick Galeana y Brend Alarcón. Es parte de las obras ganadoras del Tercer Premio Municipal de Literatura Acapulco 2025 y de la Colección del Fondo Municipal de Acapulco (FEMA). Otros títulos de FEMA son: Acapulco en breve de Astrid Paola Chavelas; Carta natal de Marxitania Ortega; No soy robot de Oliver Terrones; El dolor que me acompaña de Abisaí Benítez; Cuartos para perderse después de José Luis Zapata; Océano madre de Roxana Cortés; Estado de latencia de Astrid Paola Chavelas y Papilas gustativas de Michelle Ruiz. Este esfuerzo editorial es coordinado por Christopher Brito Salgado, director de Cultura del Ayuntamiento de Acapulco.