ir al contenido

La “Beca Ebrard”

Francisco Vázquez Salazar aborda el caso del hijo de Marcelo Ebrard Casaubon, quien residió temporalmente en una sede diplomática de México en Londres, y cuestiona el uso de espacios oficiales para fines personales

El ex Canciller de nuestro país, Marcelo Ebrard Casaubon

Tabla de contenido

Por Francisco Vázquez Salazar

Otro que se asoma al balcón… No, la cosa como es: uno al que balconearon.

Marcelo Patrick Ebrard Ramos, hijo del secretario de Economía de México y ex Canciller de nuestro país, Marcelo Ebrard Casaubon, tuvo la oportunidad de vivir en el distinguido barrio de Belgravia, en Londres, para hacer algunos estudios relacionados con sus profesiones de Psicología y Medicina.

Lo hizo en una hermosa mansión, elegancia del neoclásico, denominada Residencia Oficial de México en el Reino Unido (The House of Mexico), en el que se fusionan destellos de la aristocracia británica —data de 1826— y el característico e inigualable espíritu mexicano.

En esa residencia vive el Embajador mexicano en turno, y en el lapso en el que Marcelo Patrick estuvo en Londres (seis meses entre 2021 y 2022), la diplomática al frente de nuestra misión era Josefa González-Blanco Ortiz-Mena (nótese la alcurnia), hija del ex secretario de Gobernación y ex gobernador de Chiapas, Patrocinio González Blanco, en los tiempos de Carlos Salinas de Gortari.

Josefa, la embajadora, se encargó del cuidado de Marcelo Patrick, de que nada le faltara, de que se sintiera cómodo, a tono de huésped distinguido: bien comido, bien bebido y bien querido. Por supuesto, no descuidaba sus importantes labores al frente de su encargo, ni su refinado acento para pronunciar el inglés.

Como retribución al lindo gesto del Servicio Exterior Mexicano (no del entonces Canciller, ni tampoco de su subordinada la embajadora, ni de las y los mexicanos que cumplidamente pagamos nuestros impuestos para a ver a quién se le ocurre una estancia en el extranjero haciendo uso de alguna de las residencias oficiales de las tantas que tenemos), Marcelo Patrick, junto con la agregaduría cultural de la representación diplomática, organizó y montó una exposición para incidir en la salud mental de la comunidad y “que la gente pueda exponer principalmente pinturas o dibujos, de su experiencia de la pandemia”.

Ahora que sabemos esta conmovedora historia, ¿sería suficiente el gesto de Marcelo Patrick para ofrecerle ahora alguna temporada en nuestra casa de Francia, España o Rusia?

“No veo abuso, traje las vacunas a México, soy un padre que procura a su hijo”

Si alguien conoce de crisis de imagen y comunicacionales y cuenta con herramientas para salir de éstas es Marcelo Ebrard, un político de vieja cepa, formado al cobijo de los meros buenos priístas y convertido en un funcionario de tiempo completo con resultados reconocidos, como su gestión como Jefe de Gobierno en la Ciudad de México.

En su etapa en la CDMX lo distinguió la capacidad para imponer agenda frente a un aguerrido Felipe Calderón y hacer de la capital del país un espacio de innovaciones sociales y cosmopolitismo.

No obstante, la respuesta que dio por el affaire que lo implica a él, a su hijo y una ex embajadora no fue nada afortunada. En la conferencia matutina presidencial del 15 de abril, intentó una explicación queriendo hacer pasar el hecho como un suceso más en un día más dentro de un país más. Mínimo, si la Ley de Responsabilidades Administrativas hablara ipso facto, quedaría muda.

Pero les queremos dar una ayudadita a los Ebrard para que el fraseo “No veo ningún abuso de mi parte”, “traje las vacunas contra el Covid a México”, “se trata de la procuración de un padre por un hijo” pasen a mejor plano. Y para que el papá, en vez de renunciar —digno como es—, o de ser objeto de sanción alguna, siga siendo un baluarte en la vida pública de este país.

¡Eureka! Acorde con su ímpetu de siempre estar un paso adelante de los acontecimientos, les proponemos —asesoría gratuita bien merecida— que lancen la “Beca Ebrard”, consistente en financiar la estancia de artistas y/o colectivos en el destino de su elección para difundir la cultura y el arte único e incomparable de México, con o sin pandemias de por medio.

Un requisito indispensable debe ser que sean artistas o colectivos con probado trabajo en las comunidades, de preferencia vulnerables o con alto grado de marginación.

Ojalá le entren y que le demuestren al pueblo bueno y sabio que son capaces de convertir historias personales de éxito en logros que puede celebrar todo un país, y si nos apuran, el mundo entero. Será, como seguro fue en el caso de Marcelo Patrick, haciendo uso de recursos propios, sin costo al erario, con base en el purito esfuerzo de tantos años de trabajo y esfuerzo.

Sentados esperamos.

Más reciente