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Por Eduardo Serna
Una nación y las sociedades que la componen pueden definirse perfectamente por la manera en que se trata a los animales y a la naturaleza. Notarán que he hecho una separación algo extraña: los animales forman parte de la naturaleza, pero hay un segmento de esos animales que creció junto al ámbito de lo humano: los animales que se han desarrollado a lo largo de nuestra historia junto a nosotros, las mascotas.
Estos compañeros del ser humano cuentan con derechos específicos que regulan la manera en que deben ser tratados. ¿Faltan más leyes? Dado su desarrollo e importancia en el espacio social, hay legislación específica que los protege. En los últimos años se ha presentado una disputa que tiene que ver con los animalitos pertenecientes a un refugio. Hay muchos que no conocen los hechos y cómo es que esto se ha convertido en un gran asunto por resolver, y adquiere tintes definitorios, tanto para el gobierno como para los privados inmiscuidos.
Estamos hablando del refugio Franciscano.
Esta nota es especialmente importante, ya que conozco personas muy queridas que ponen el cuerpo por los animales y sus derechos. Eso habla de su profunda humanidad y valentía; eso solo merece respeto y admiración.
Empecemos estableciendo el marco legal que protege a los animales:
En la Ciudad de México, el marco legal para la protección de perros y gatos ha tenido avances significativos. La Ley de Protección y Bienestar de los Animales capitalina, de observancia general, establece el compromiso de proteger a los animales como seres sintientes, garantizando su bienestar y buen trato. Este principio se ha reforzado con reformas al Código Civil, que los reconocen explícitamente como sujetos de consideración moral y trato digno, apartándolos de su antigua clasificación como bienes muebles. Asimismo, se han introducido figuras legales novedosas como la de “animal comunitario”, que otorga protección a los perros y gatos callejeros que son cuidados por una comunidad, y se ha creado un padrón de maltratadores, además de regular la venta de mascotas en plataformas digitales para combatir el comercio clandestino. Con todo, mientras estos instrumentos legales dibujan un camino hacia una sociedad más empática, el reto continúa siendo su efectiva aplicación en la vida diaria de la ciudad.
Cronología de los hechos
El Refugio Franciscano fue fundado en 1977 por Ita Osorno y Antonio Hagenbeck, quien en su testamento público de 1991 dejó establecido que el predio donde operaba el refugio se entregaba en comodato por tiempo indefinido para la protección de animales, prohibiendo su venta. Años después, la Fundación Antonio Hagenbeck (FAH) intentó negociar el traslado del refugio a otros terrenos, pero las condiciones eran inaceptables y la FAH rompió relaciones con el patronato del refugio. En diciembre de 2025, la FAH, habiendo vendido ilegalmente el predio en donde se localizaba el refugio, es presionada por una multa millonaria que pagaba a la compradora del predio (Fibra Uno); mediante un actuar oscuro logró el desalojo de los cuidadores el día 11 diciembre; los animales quedaron sin cuidado y alimentación, y tres días después, con ayuda de influencers y la PAOT (Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial de la Ciudad de México), se montó un escenario de maltrato para culpar al refugio. El 7 de enero de 2026, en un operativo violento, desalojaron a los más de mil perritos y decenas de gatitos, trasladándolos a tres albergues improvisados sin protocolo alguno, donde han muerto decenas de animales y se desconoce el paradero de más de 200. El 30 de enero 2026, una jueza ordenó la restitución del predio al Refugio Franciscano, que desde entonces ha sido remodelado por voluntarios; sin embargo, el regreso de los animalitos se ha visto frenado por amparos y por la presunta corrupción de funcionarios y magistrados vinculados a la FAH, mientras el gobierno de la CDMX sigue sin auditar a la fundación ni asumir su responsabilidad en la tragedia.
Los corruptos y corruptores
En el centro de este nudo de presunta corrupción se encuentra la apoderada legal de la FAH, Verónica Blanco González, señalada directamente por estar detrás de las irregularidades. A su lado, la Fundación está representada por figuras como Gonzalo Covarrubias, su abogado, y se menciona a Eric Mengelle Escobar, un servidor público, presuntamente vinculado a la FAH a través de facturas con prestanombres. Del lado del Gobierno de la CDMX, el principal señalado por presunta corrupción es el entonces Secretario de Gobierno, César Cravioto, a quien se le acusa de conflicto de interés por haber vivido durante años en un departamento propiedad de la Fundación. En el Poder Judicial, los magistrados del Décimo Quinto Tribunal Colegiado en Materia Civil, Emma Rivera Contreras y J. Refugio Ortega Marín, son fuertemente cuestionados por haber votado en contra del Refugio, en un presunto acto de corrupción para favorecer a la FAH.
El trágico resultado de algo que no tenía que pasar
Teniendo todo en orden legalmente y a favor, el Refugio Franciscano y los animalitos que allí vivían nunca debieron atravesar por este atropello: la avaricia de los directivos del FAH y los servidores de la nación que se dejaron presuntamente corromper, cargan con la vida de cientos de animales que murieron y deberían cargar con todo el peso de la ley. En un estado de derecho deberían enfrentar a la justicia. Los actos criminales que envuelven este caso ya costaron la vida de un número desconocido de animalitos, víctimas de la codicia y la corrupción de unos cuantos. Los dirigentes del Refugio Franciscano, en su desesperación por salvar las vidas de los animalitos, recurrieron a todos los medios para hacerse escuchar. Algunos de estos medios, ya conocidos por ser carroñeros, aprovecharon para llevar el problema al escenario político y golpear al gobierno. Esta perspectiva, a mi parecer, es delicada, porque quita el foco de lo importante: la vida de los animalitos. Llevar al ring político es ensuciar el camino, cuando a todas luces se tiene la razón legal. Ya finalmente se cuentan con los dictámenes de jueces que indican el retorno de los animalitos a su hogar, el Refugio Franciscano, acto que a la fecha no se ha ejecutado, mientras los animalitos continúan siendo las víctimas principales de un despojo descarado.
Queda pendiente que se haga justicia en contra de los presuntos implicados, en esta tragedia que nunca debió haber pasado; el patronato del refugio franciscano cuenta con todas las evidencias aquí descritas. Tristemente, esto sienta un precedente que pone en peligro a otros refugios.
En recientes días, a la espera del retorno de los animalitos, sale a la luz información que señala a la FAH directamente como responsable del paradero de un número importante de los animalitos franciscanos, sin que hasta la fecha se sepa su paradero.
Empecé este artículo diciendo que el tratamiento a los animales nos define como seres; en tiempos de genocidio humano en muchas latitudes, es pertinente reconocer también el ecocidio a la naturaleza y los animales que han sido nuestros compañeros. Es vital recomponer el camino.
Como siempre, le invito a reflexionar y tomar acción.