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El verdadero Mundial no está en la cancha | INFORME PENINSULAR

El Mundial inspira sueños colectivos, pero hay partidos más urgentes: la paz en Gaza, la lucha de las madres buscadoras, la defensa de los pueblos originarios y la construcción de un México más justo.

"Esto no es una columna sobre fútbol, sino sobre los partidos humanos que aún faltan por ganar".
"Esto no es una columna sobre fútbol, sino sobre los partidos humanos que aún faltan por ganar".

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Por: Eduardo Serna


Hoy que, a pesar de todo, hay ánimos mundialeros, me les uniré en el tono.

No soy fanático del fútbol, pero no voy a mentir: sí se me acelera el corazón con el himno cantado por todos, o el gol tan anhelado que se corea. Aunque quiera uno hacerse, la piel chinita nos delata.

Lo que sí me gusta del fútbol es lo que provoca, eso que no tiene tanto que ver con la cancha, sino la capacidad de emoción del que mira, del que grita y juega desde afuera. El que no pagó boleto porque no le alcanza y, aun así, les sobra para soñar. En la literatura latinoamericana hay gigantes que escribieron y escriben justo de esto: Eduardo Galeano y Juan Villoro, por mencionar ejemplos de pasión futbolera escrita, al no tener el talento en los pies, sino en la palabra.

Misma que nos habla de esa pasión que se desbordaba de los estadios, trascendiéndolo, para señalarnos cosas que también se juegan importantes: racismo, desigualdad, colonialismo, y un etcétera muy largo. Me sumaré a esa tradición (en su divina proporción, claro) que rompe los límites de la cal y la pelota, para narrar el partido que yo sueño que ganemos todos, y no, no es el cuarto juego.

Primero, lo primero: el fut es de los niños, ellos son la principal afición. Por eso, entonces, que Gaza gane y puedan patear un balón; que sus niños, padres y abuelos pinten la cancha en su tierra. Y cuando acabe el partido, regresen seguros y salvos de toda maquinación. ¡Que pare el genocidio por el bien de la humanidad! Sueño se gane ese juego, porque el mundial se trata de eso: de sueños, de pasión y lucha.

Y si se trata de eso, entonces, también que gane Irán. Allá en las tierras gringas, que golee a sus rivales, para dormir en Tijuana junto a todos mis carnales. Que inspiren así a sus niñas, para que jueguen fútbol, con la cabeza descubierta o cubierta, pero libre. Que jueguen en sus escuelas sin miedo que un «Tomahawk» caiga para quitarles su gol.

Y si así vamos, engolosinados de balón, que también gane Ohuira su partido de eliminación. Ohuira se juega el pellejo contra un gigante teutón, patrocinado por KfW banco y todo su pelotón de capitales pintados de aplanadora y destrucción. Que en Topolobampo retumben también tambores Mayos, Yoreme; que brinque ágil el venado, que conduzca la bola y marque un gol.

Partidos humanos por ganar.
Partidos humanos por ganar.

Si el fútbol no es para soñar, entonces no sirve hacer las grandes jugadas sin una real afición; es pelota ponchada sin reparación. Entonces sigamos soñando así, y que ganen las madres que buscan en México a sus hijos. Ellas que nunca se rinden a pesar del marcador, sufriendo en cada minuto, incansables, lastimadas: nunca paran, nunca paran. De corazón las saludo. ¡Que ganen las madres, motores de esta nación!

Quiero que gane México, por primera vez, en toda disputa. Que se pelee todo centímetro de la cancha, de norte a sur, de península a península, a pesar del arbitraje. Que no se alineen a cachirules, a vendidos, pechos fríos. Que la directora técnica haga los recambios. ¡Carajo! Que entre gente fresca, que no deba lealtad al patrocinio de la playera, botines y short; que se deban a la gente que los apoya, al pueblo que los votó.

Que se haga la ola gigante, entonces, como nación. Que se grite el cielito lindo en mexicano, maya, otomí y náhuatl, como bordado de hilo que justo fue y se pagó.

Te preguntarás si me avergüenzo de este texto cursi y patriotero, intento de verso fácil. Y yo te diré: que no. Te explico lo que me pasa: neutro no soy, mexicano, siempre quiero que ganemos tú y yo. Recuerda que el mexicano nace donde le plazca, le pese a quien le pese; por eso tenemos hermanos de norte a sur y de este a oeste.

Se vale soñar mexicano. ¿Y por qué no? Así dijo el más joven de nuestra selección. Que se levanten los jóvenes orgullosos de lo que son. El fútbol lo han secuestrado los dueños de este balón. La afición te saluda, FIFA, con todo y tu viejo pelón. Tan tan.

Como siempre, lo invito a reflexionar y tomar acción.

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