Tabla de contenido
Opinión.- El relevo de Ariadna Montiel por Luisa María Alcalde en la dirigencia nacional de Morena parece marcar el inicio de una etapa de mayor control político interno, luego de una conducción partidista que nunca terminó de consolidarse ni mostró capacidad para ordenar la disputa rumbo a 2027.
La nueva línea política quedó clara desde el primer mensaje: aunque alguien gane la encuesta para convertirse en coordinador o coordinadora de Defensa de la 4T —figura que en los hechos termina convirtiéndose en candidatura—, Morena no postulará perfiles con señalamientos de corrupción.
Los filtros presidenciales
A ello se suma el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre impedir que familiares hereden cargos de elección popular. El problema para Morena será demostrar que esas reglas se aplicarán realmente y no únicamente cuando convenga políticamente.
Bajo ese escenario, y revisando el mapa de aspirantes en Guerrero, todo indica que la candidatura terminaría recayendo en una mujer por las propias reglas internas, los vetos y los costos políticos que han ido cerrando el paso a varios perfiles masculinos.
El perfil de las aspirantes en Guerrero
La primera es la senadora Beatriz Mojica Morga, quien incluso en encuestas difundidas por el grupo político del senador Félix Salgado Macedonio aparece como la mujer mejor posicionada. Beatriz tiene estructura, experiencia electoral y conocimiento territorial; ha recorrido Guerrero durante años y su más reciente campaña al Senado le permitió superar los 600 mil votos.
Sin embargo, también carga con un pasivo político que Morena nunca ha terminado de procesar: su respaldo a Ricardo Anaya en 2018. En un partido que constantemente apela a la lealtad al movimiento, ese episodio sigue siendo utilizado por sus adversarios internos para cuestionar su identidad morenista.
Abelina López: resistencia y desgaste
La segunda es Abelina López Rodríguez, quien, pese a la ofensiva política y mediática en su contra desde hace más de un año, no ha desaparecido del tablero sucesorio. De acuerdo con la encuesta del doctor Gabino Solano, de la UAGro, se mantiene como una de las mujeres con mayor posicionamiento.
El problema para la presidenta Abelina no es la falta de presencia política, sino el desgaste de una administración marcada por crisis constantes, confrontaciones y decisiones polémicas. Aun así, su capacidad de resistencia política y su cercanía con sectores populares le han permitido mantenerse competitiva.
Cercanía al Centro vs. arraigo territorial
La tercera es Esthela Damián, quien decidió dejar un cargo de Consejera Jurídica en el gobierno federal para regresar a Guerrero e intentar construir una candidatura. Su principal fortaleza es su cercanía con la presidenta Claudia Sheinbaum y su experiencia administrativa y técnica.
No obstante, enfrenta un problema difícil de ocultar: su bajo nivel de conocimiento y el desarraigo político en Guerrero. En prácticamente todas las encuestas aparece con números marginales, lo que obliga a preguntarse si su apuesta depende realmente de una construcción territorial o de una eventual decisión tomada desde el centro del país.
El reto de la legitimidad
Las tres tienen fortalezas y debilidades, pero también representan distintas formas de entender el poder dentro de Morena: la estructura territorial, la resistencia política y la cercanía con el poder presidencial.
Lo que viene para Morena no será sencillo. Porque el verdadero reto no será definir si la candidatura será para una mujer, sino convencer de que la decisión surgirá de un proceso auténtico y no de una candidatura previamente planchada desde el poder central.
Habrá que ver cuánto tiempo estará abierta la convocatoria que Morena emitirá el próximo 22 de junio y si las aspirantes tendrán margen suficiente para revertir sus negativos, fortalecer sus activos políticos y, sobre todo, demostrar que pueden ganar una elección constitucional en un estado cada vez más complejo y polarizado.