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El "trabajo sucio" de Jacinto González: entre la misoginia política y el pánico por Esthela Damián

El dirigente estatal de Morena olvida su papel institucional para convertirse en el principal detractor de la exconsejera jurídica, recurriendo a ataques velados y descalificaciones sobre su arraigo en Guerrero.

Jacinto usa la gastada fórmula cobarde de atacar sin decir nombres.
Jacinto usa la gastada fórmula cobarde de atacar sin decir nombres.

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Chilpancingo.- La imparcialidad y la estatura política parecen ser conceptos ajenos para Jacinto González Varona. El dirigente de Morena en Guerrero, quien por estatuto debería ser el árbitro y garante de la unidad en el proceso interno hacia 2027, ha decidido bajar al lodo para encabezar una campaña de desprestigio contra Esthela Damián Peralta.

Lo que inició como una serie de señalamientos sin pruebas sobre supuestos vínculos con el PRI, ha mutado ahora en una narrativa que cuestiona la capacidad de Damián por "no conocer" el estado; un argumento que, en el contexto actual, huele más a violencia política de género y a miedo electoral que a una crítica constructiva.

Atacar "sin decir nombres": la táctica del medroso

Fiel al estilo de quien lanza la piedra y esconde la mano, González Varona aprovechó los micrófonos afuera del Tribunal Electoral para lanzar dardos envenenados. Aunque se negó a mencionar directamente a Damián Peralta, sus palabras no dejaron lugar a dudas:

“Guerrero necesita a alguien que conozca sus problemas, que los haya vivido, y no a alguien que los venga a imaginar”, soltó el dirigente.

Resulta irónico que González Varona se atreva a evaluar quién "imagina" y quién "camina" el estado cuando él mismo reconoció, con una honestidad que raya en el cinismo, que no la conoce personalmente y que su único contacto con ella ha sido a través de una pantalla de Zoom. ¿Cómo puede el dirigente estatal descalificar la trayectoria de una funcionaria de primer nivel si admite que solo la conoce por video llamadas?

El discurso de la "encuesta" como escudo

Para lavarse las manos ante la evidente cargada, Jacinto recurre al gastado guion del "pueblo decidirá". Se escuda en la figura de la presidenta Claudia Sheinbaum —a quien llama demócrata para evitarse problemas—, pero en la práctica sabotea el terreno de juego para una de las aspirantes.

El ataque sistemático de un presidente de partido hacia una militante que apenas levanta la mano no es solo una falta de elegancia política; es una ruptura institucional. Si González Varona no puede mantener la compostura, su permanencia en la dirigencia se vuelve un lastre para la equidad que Morena tanto presume.

Banalidad y "caballos": el choque con el Rector

Por si fuera poco, el dirigente también se dio tiempo para ironizar sobre la tragedia en la UAGro. Al criticar al rector Javier Saldaña por pedir donaciones para las víctimas de un ataque armado, González Varona pasó de la crítica institucional a la mofa personal, sugiriendo donar "hasta un caballo", en clara referencia a los gustos del académico.

Si bien es cierto que las instituciones deben tener seguros y prestaciones, la ligereza con la que el dirigente morenista trata temas que involucran muertes y violencia, solo confirma un perfil que prefiere la confrontación mediática y el sarcasmo por encima de la sensibilidad social.

Jacinto González Varona se comporta más como un jefe de campaña de un grupo antagónico que como el líder de un partido en el poder. Sus ataques a Esthela Damián no solo dañan a la aspirante, sino que exhiben la inmadurez de una dirigencia estatal que no sabe —o no quiere— garantizar un piso parejo para las mujeres en la política guerrerense.


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