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Ciudad de México.- El gobierno de Claudia Sheinbaum ya puso nombre sobre la mesa para uno de los cargos más sensibles de su administración: la embajada en Estados Unidos. La apuesta es Roberto Lazzeri, un perfil técnico con experiencia directa en negociaciones financieras y trato con autoridades estadounidenses.
El anuncio, hecho este jueves en su conferencia matutina, todavía no es definitivo. Falta el paso clave: que el gobierno de Donald Trump dé el visto bueno. “Tiene que seguir su procedimiento”, aclaró la mandataria, marcando que el relevo está en curso, pero no cerrado.
Un operador financiero en la primera línea diplomática
Lejos de los perfiles tradicionales de carrera diplomática, Lazzeri llega desde el frente económico. Su cercanía con Rogelio Ramírez de la O y su paso por instituciones clave lo colocan como un operador con experiencia en momentos de presión.
En los últimos años ha estado involucrado en negociaciones delicadas con Estados Unidos, incluyendo episodios vinculados a señalamientos del Departamento del Tesoro contra instituciones financieras mexicanas. También participó en reuniones de alto nivel junto a Marcelo Ebrard y autoridades comerciales estadounidenses.
Su perfil apunta a una lógica clara: priorizar la interlocución económica en una relación bilateral marcada por tensiones comerciales, seguridad y flujos financieros.
Moctezuma: salida sin ruptura
El eventual relevo implica la salida de Esteban Moctezuma, aunque no su alejamiento del proyecto político. Sheinbaum dejó ver que ya se le busca una nueva posición dentro del gobierno.
El reconocimiento fue explícito. Destacó, entre otras cosas, su papel en gestiones para reactivar la exportación de ganado mexicano hacia Estados Unidos, frenada por el problema del gusano barrenador.
“Le tenemos la mejor consideración”, dijo, en una señal de transición sin conflicto.
Más allá del nombramiento, el movimiento sugiere un ajuste de prioridades. El posible arribo de Lazzeri refuerza la idea de que la relación con Estados Unidos, en esta etapa, se jugará tanto en lo diplomático como en lo financiero.
En otras palabras: menos protocolo, más negociación y con Washington, eso rara vez es casual.