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Mundo.- Las expediciones al Everest dejan una huella que no desaparece cuando los escaladores regresan a casa. Carpas rotas, cilindros de oxígeno vacíos, latas y equipo inservible permanecen sobre la nieve a casi 7 mil 900 metros de altura, una escena que volvió a circular en redes sociales y puso de nuevo en evidencia el costo ambiental de conquistar la montaña más alta del mundo.
Las imágenes corresponden al Campamento IV, conocido como South Col, el último punto de descanso antes del ascenso a la cumbre. En ese lugar, donde cada movimiento exige un esfuerzo extraordinario, los residuos de distintas expediciones se acumulan en un entorno incapaz de absorberlos con facilidad.
Una montaña que no elimina sus residuos
A diferencia de otros ecosistemas, las zonas más elevadas del Everest no ofrecen condiciones para que los desechos orgánicos se descompongan con rapidez. Los materiales abandonados pueden permanecer durante años, mientras cada nueva temporada de escalada suma más objetos a los que dejaron quienes pasaron antes.
El problema se agravó con el crecimiento de las expediciones comerciales, que concentran a más personas en los campamentos de altura y multiplican los suministros necesarios para intentar llegar a la cima.
Pero retirar la basura no es una tarea sencilla. El Campamento IV se encuentra en la llamada zona de la muerte, donde la escasez de oxígeno, las temperaturas extremas y los vientos intensos convierten cualquier operación en un desafío para la supervivencia.
Descender con un cilindro vacío o una carpa deteriorada implica cargar peso adicional durante una ruta peligrosa. Por eso, los residuos permanecen en zonas donde recuperarlos exige personal experimentado y condiciones meteorológicas favorables.
Limpiar también implica arriesgar la vida
La dimensión del problema quedó expuesta en una operación anterior documentada por The Telegraph, en la que sherpas y soldados nepalíes retiraron 11 toneladas de desechos y recuperaron cuatro cuerpos. El rescate de uno de ellos tomó dos días, una muestra de las dificultades que enfrenta el personal encargado de limpiar la montaña.
Entre los objetos recuperados había carpas, envoltorios de alimentos, cartuchos de gas, cilindros de oxígeno y cuerdas de escalada. Algunos materiales llevaban cerca de siete décadas en el Everest.
Nepal ha establecido medidas para intentar frenar la acumulación, entre ellas la obligación de que los montañistas bajen al menos dos kilogramos de basura desde las zonas situadas por encima del Campamento II. También se realizan jornadas de limpieza en diferentes tramos de la ruta.
Las autoridades estudian incorporar drones para transportar materiales y facilitar la recuperación de desechos en sectores de difícil acceso. Otras propuestas incluyen reforzar la vigilancia y utilizar sistemas de cuerdas fijas para apoyar las labores de limpieza.
Sin embargo, las imágenes del Campamento IV muestran que el problema continúa. La montaña recibe nuevas expediciones cada temporada, mientras retirar lo que queda atrás depende de operaciones costosas y peligrosas.
El Everest sigue siendo un destino para quienes buscan alcanzar la cima del planeta, pero también enfrenta una consecuencia persistente de esa actividad. A casi 8 mil metros, cada objeto abandonado puede convertirse en un residuo que permanezca allí durante décadas.