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Japón.- En los bosques nevados de Japón vive un ave tan pequeña y esponjosa que parece hecha de algodón. Se trata del Shima-Enaga, una subespecie del carbonero colilargo que pesa apenas ocho gramos y se ha convertido en una de las favoritas de los amantes de la naturaleza por su aspecto de muñeco de nieve.
Su característica más llamativa es la cabeza completamente blanca, acompañada de pequeños ojos negros y un pico diminuto. A diferencia de otros ejemplares de su especie, que tienen marcas oscuras sobre los ojos, esta variedad de Hokkaido conserva un rostro claro que resalta entre los paisajes invernales.
Un diminuto habitante del frío
El Shima-Enaga vive en Hokkaido, una isla japonesa donde las temperaturas descienden considerablemente durante el invierno. Su reducido tamaño contrasta con las condiciones extremas de su entorno, en el que debe encontrar alimento incluso cuando las heladas cubren los árboles.
Su dieta incluye insectos, arañas y savia de árboles como robles y arces. Durante los meses más fríos, cuando escasean los pequeños invertebrados, aprovecha la savia que gotea de las ramas y puede alimentarse de ella incluso cuando se congela parcialmente.
La especie tiene una distribución mucho más amplia que Japón. El carbonero colilargo se encuentra en regiones de Europa y Eurasia central, además del norte de China y la península de Kamchatka. En Japón existen cuatro subespecies, con diferencias visibles en el plumaje y los patrones de la cabeza.
Nidos diminutos para sobrevivir
La reproducción comienza alrededor de febrero, cuando el frío todavía domina el paisaje. Las parejas construyen nidos ovalados con musgo, seda de araña y fibras de capullos de polilla, materiales que ayudan a mantener un interior suave y protegido.
Por dentro, estas estructuras se cubren con numerosas plumas que proporcionan aislamiento. En cada nido pueden depositarse entre 10 y 12 huevos, cuyo tamaño es comparable al de la punta de un dedo meñique.
El cuidado de estas aves también requiere precauciones cuando las personas intentan atraerlas a sus jardines. La grasa animal utilizada en algunos comederos puede adherirse a las plumas y reducir su capacidad para conservar el calor corporal. Por ello, es importante evitar el contacto directo con el alimento y mantener limpios los espacios destinados a las aves.
La fotógrafa y escritora de naturaleza que documentó a estos ejemplares, la princesa Takamado de Japón, relató sus visitas a Hokkaido para fotografiarlos, donde el frío también puso a prueba su equipo. En una de sus primeras experiencias, el aceite congelado de la cabeza hidráulica de su trípode le impidió mover la cámara con normalidad.
Pese a las dificultades del invierno, el Shima-Enaga sigue llamando la atención por sus movimientos curiosos y su apariencia redondeada. Su combinación de plumaje blanco y tamaño diminuto le ha ganado el apodo de «hada de la nieve», una imagen que contrasta con las exigencias de sobrevivir en uno de los ambientes más fríos de Japón.