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Ciudad de México.-El sueño de tener casa propia es cada vez más difícil de alcanzar en México. Cifras de la Encuesta Intercensal del Inegi revelan que solo el 66.1% de las viviendas habitadas en el país pertenecen a sus ocupantes, una caída respecto al 68.8% registrado cinco años atrás. En contraparte, el mercado de alquiler sigue al alza: más de 7.6 millones de hogares (19.2%) viven en renta, mientras que casi 5 millones ocupan inmuebles prestados o con problemas jurídicos.
Esta tendencia a la baja en la propiedad de vivienda se replicó en prácticamente todos los estados del país —con excepción de Chihuahua—, teniendo sus impactos más drásticos en zonas turísticas como Baja California Sur, Nayarit y la Ciudad de México, donde apenas el 50.7% de las familias son dueñas del lugar donde habitan.
Precios por las nubes: incrementos de más del 100% en estados turísticos
Detrás de la caída en la compra de vivienda se encuentra un acelerado encarecimiento inmobiliario. De acuerdo con datos de la Sociedad Hipotecaria Federal, el costo promedio de las casas en México se disparó 61.3% entre 2020 y 2025.
El impacto ha sido severo en destinos con alta presión turística y extranjera:
- Quintana Roo: +104.4%
- Baja California Sur: +101.5%
- Nayarit: +89.8%
- Baja California: +86.9%
En la Ciudad de México, aunque el ajuste reciente fue de 37.9%, el precio promedio de la vivienda acumula un alza del 131.9% en la última década, encareciendo tanto la compra como el pago de alquileres.
Alimentos o salud: el costo social de tener un techo
La crisis de accesibilidad financiera para mantener un hogar está pasando factura a la calidad de vida de las familias. Un informe de la organización Hábitat para la Humanidad reveló que 8 de cada 10 personas en México recortaron gastos esenciales en comida o retrasaron atención médica durante el último año para poder cubrir su renta o hipoteca.
Este indicador ubica a México por encima del promedio global (75%), evidenciando cómo el alto costo de la vivienda está obligando a millones de habitantes a comprometer su salud y seguridad alimentaria para no perder su techo.