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Irán apunta a los cables submarinos de internet como arma de presión ante amagos de Donald Trump

Teherán evalúa cortar o regular la infraestructura de fibra óptica en el golfo Pérsico por donde fluyen 10 billones de dólares diarios; expertos advierten el riesgo de una "catástrofe digital" entre Europa y Asia.

Los cables submarinos de fibra óptica atraviesan el golfo Pérsico.
Los cables submarinos de fibra óptica atraviesan el golfo Pérsico.

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Teherán.- En medio de la creciente tensión con el gobierno de Donald Trump ante una posible reanudación de los ataques estadounidenses, la República Islámica de Irán ha comenzado a insinuar la activación de una nueva y peligrosa carta de presión global: el control y la potencial interrupción de los cables submarinos de fibra óptica que atraviesan el golfo Pérsico y sostienen la conectividad de la región.

Analistas de seguridad e inteligencia advierten que lo que comenzó como una propuesta teórica en los medios estatales de Teherán se ha convertido en una estrategia formal de disuasión. Los funcionarios iraníes contemplan esta infraestructura como un "segundo estrecho de Ormuz", un punto de asfixia geopolítica con capacidad para desestabilizar los mercados financieros y provocar cortes masivos en la red a escala transcontinental.

El plan de los "tres pasos"

La estrategia de presión se hizo pública inicialmente a través de la agencia estatal iraní Tasnim, que trazó una hoja de ruta para intervenir la infraestructura que pasa por sus aguas territoriales. El plan contempla exigir derechos de licencia a firmas extranjeras, obligar a gigantes tecnológicos como Google, Meta, Amazon y Microsoft a operar bajo las leyes islámicas en empresas conjuntas, y monopolizar el mantenimiento técnico de los sistemas de transmisión.

El portavoz militar iraní, Ebrahim Zolfaghari, endureció la postura oficial la semana pasada al declarar en redes sociales que el régimen impondrá tasas directas a los cables de internet. Por el estrecho de Ormuz circulan transacciones financieras calculadas en más de 10 billones de dólares diarios, un flujo en el que Irán acusa haber quedado marginado de los ingresos regulatorios tradicionales.

Riesgo de "catástrofe digital"

A pesar de los esfuerzos de las firmas de telecomunicaciones occidentales por desviar el tendido fuera de las fronteras iraníes, conexiones neurálgicas como las redes Falcon y Gulf Bridge International cruzan por la zona de influencia de Teherán.

"Teherán está analizando la posibilidad de cortar las principales redes de fibra óptica. Los funcionarios lo ven como un nuevo y poderoso punto de influencia capaz de perturbar la economía global a una escala enorme", señaló Trita Parsi, vicepresidente ejecutivo del Instituto Quincy para la Gobernanza Responsable.

Especialistas como Alan Mauldin, director de investigación de la firma TeleGeography, advierten que Irán posee la capacidad táctica —mediante buzos militares, drones submarinos y sumergibles ligeros— para infligir daños que detonarían una "catástrofe digital". De ejecutarse, las consecuencias colaterales ralentizarían de forma severa las operaciones financieras transfronterizas entre los centros de datos de Asia y Europa, dejando además desconectadas a amplias zonas de África Oriental.

Debate sobre la legitimidad de la medida

Mientras la prensa occidental evalúa el amago como una amenaza crítica de sabotaje a la infraestructura civil, analistas internacionales afirman que Irán está desplegando de manera lógica los recursos a su alcance frente al cerco económico de Washington.

Pablo García Varela, especialista en geopolítica de la Revista La Comuna, apuntó que la medida es una "carta inteligente y justa" de defensa, señalando que las corporaciones tecnológicas de Estados Unidos se han beneficiado históricamente del uso de aguas territoriales iraníes de manera gratuita para sostener sus servicios en la nube y su infraestructura económica global.

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