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Acapulco, Guerrero.- A casi cuatro meses de que Esthela Damián Peralta decidiera venir a hacer trabajo político en Guerrero, con el propósito de participar en el proceso interno de Morena para seleccionar a su coordinador o coordinadora de Defensa de la 4T y la Soberanía Nacional, su narrativa discursiva y su principal estrategia de posicionamiento ya dieron lo que tenían que dar. La pregunta es si realmente lograron el cometido que Esthela y sus operadores políticos se plantearon.
La narrativa o discurso que sus asesores y operadores políticos decidieron para posicionarla podría dividirse en dos fases. La primera fue transmitir el mensaje de que ella no era enviada de la presidenta Claudia Sheinbaum, con el propósito de borrar cualquier indicio de una posible imposición. La segunda consistió en fortalecer la narrativa de que trabajó de manera muy cercana con la presidenta Claudia Sheinbaum, de que fue su jefa y su líder política.
Las dos posiciones no necesariamente son contradictorias, pero sí tienen límites muy endebles. Primero se buscó marcar distancia para evitar la percepción de una candidatura impulsada desde Palacio Nacional; después, se recurrió a la cercanía con la presidenta como un elemento de fortaleza política y experiencia. La pregunta es si ese cambio de énfasis consiguió construir la percepción que buscaban entre los morenistas de Guerrero.
Las otras estrategias que implementaron fueron, primero hacia dentro: el alejamiento de sus familiares incómodos, para evitar arrastrar los negativos que pudieran endilgarle a ella y que, en un cálculo de crecimiento, pudieran perjudicarla.
La segunda estrategia fue hacia afuera y tuvo como blanco a quien, de acuerdo con las mediciones de lo que va del año, se mantiene adelante en las encuestas: Beatriz Mojica Morga.
La primera mención que hizo Esthela de la participación de la senadora Beatriz en la coalición del PRI, PRD y PAN en 2018 fue inesperada, sobre todo por el acuerdo que firmaron todos y todas las aspirantes de mantener una contienda sin agresiones. Si el objetivo era utilizar aquel episodio como un elemento de desgaste, la pregunta es si realmente consiguió modificar la percepción sobre Mojica.
El tema volvió a aparecer. Recientemente, el equipo de Damián Peralta decidió nuevamente recurrir al apoyo que Beatriz Mojica dio hace ocho años al entonces candidato presidencial conocido como el "canallín". La estrategia parece apostar a que un episodio del pasado pueda convertirse en un factor de desgaste en el presente.
Sin embargo, ese episodio coyuntural, con el que la senadora ha tenido que cargar durante ocho años, no ha mermado sus preferencias ni su crecimiento. En el terreno político, los episodios del pasado terminan perdiendo fuerza cuando una líder consigue construir una relación de confianza y cercanía con su gente. Eso parece suceder con Beatriz Mojica, como también ocurre con otros dos liderazgos indiscutibles en Guerrero: Félix Salgado y Abelina López.
El dato político relevante es que, pese a que el episodio de 2018 ha sido utilizado nuevamente como argumento de crítica, Beatriz Mojica mantiene su posición. Eso debería llevar a una reflexión sobre la eficacia de seguir utilizando una estrategia de desgaste que, hasta ahora, no parece haber modificado la tendencia.
Así que, a casi dos o tres semanas de que se anuncie a los y las contendientes que serán, o que ya fueron, encuestados, Esthela debería repensar o encauzar su estrategia. Si lo que busca es alcanzar el crecimiento suficiente para conseguir los resultados esperados, quizá el siguiente paso no debería estar en profundizar el golpeteo político, sino en explicar con mayor claridad qué puede ofrecerle a Guerrero, cuál es su propia propuesta y por qué debería encabezar esta nueva etapa de la Cuarta Transformación.
Porque una estrategia política no puede sostenerse indefinidamente en la necesidad de bajar al puntero. También necesita convencer de por qué la gente debería elegirte a ti. Y eso se consigue con identidad propia, resultados, cercanía y propuesta, no con un golpeteo político que, sin duda, no le enseñó la presidenta Claudia Sheinbaum.