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La necesaria memoria para el “nunca más”

Un artículo publicado en SPR INFORMA, aborda el reconocimiento de la matanza del 2 de octubre de 1968 como un crimen de lesa humanidad y el compromiso de evitar que hechos similares se repitan

El artículo retoma el reconocimiento del Estado mexicano a la matanza del 2 de octubre de 1968 como un crimen de lesa humanidad y el compromiso de garantizar la no repetición

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Por Francisco Vázquez Salazar


Opinión.- Dos de octubre de 2026 amanece con una mañana húmeda, de ligera lluvia, en la Ciudad de México.

Alguien en un noticiero de televisión se encarga de dar un reporte sobre cómo estarán las manifestaciones conmemorativas este día, en el que hace 58 años el gobierno reprimió el movimiento estudiantil que demandaba libertades democráticas en el país y fin del autoritarismo expresado en el actuar de un Estado con poder absoluto.

La memoria frente al autoritarismo

Se hace necesaria la memoria histórica para patentar el “nunca más” y reconocer la estela de acontecimientos que tras el movimiento del 68 impulsaron una serie de cambios que, en el contexto de aquellos años y sus gobiernos, parecían imposibles, o muy lejanos, a los anhelos de democracia y justicia verdadera por los que luchaban, en riesgo permanente, varios colectivos y liderazgos sociales.

Lo tenían que hacer desde los márgenes, los nulos espacios de participación política plural, sobresaliendo de entre condiciones de opresión y persecución policiaca, en medio de un aparato institucional represor que no dejaba lugar para el disenso y el reclamo ciudadano. Los gobiernos del PRI en su apogeo, con sus características máximas de hacer “política” con base en un implacable estilo prepotente e inquisitivo.

Nuevos datos sobre el movimiento

Hoy nos amanecemos también con un reporte de una organización civil basada en la Universidad George Washington que refiere la participación de la CIA con grupos de extrema derecha que fueron parte del escenario del 68 mexicano, sea para alentar liderazgos a favor de sus causas, controlar los auténticos que abrazaban las demandas estudiantiles o incluso realizar acciones que polarizaran el movimiento, sin importar la violencia que desatara.

Esto está en línea con las actuales pretensiones imperialistas y de derecha de penetrar la política nacional para llevar al país a expresiones que respondan a los intereses transfronterizos de las élites políticas y empresariales que buscan acelerar su presencia global, alejando completamente al pueblo de los espacios democráticos conquistados.

Recordar para fortalecer la democracia

Por eso apelar tanto como se pueda a la memoria histórica. Simples comparaciones del funcionamiento del Estado mexicano y de la prensa de aquellas épocas con lo que hoy es lleva a reflexiones sobre los puntos pendientes para fortalecer la vigencia de un régimen democrático, basado en leyes sí, pero con una amplia y sentida vocación de justicia social.

No debe quedar resquicio para dejar de apreciar las aportaciones de miles de jóvenes estudiantes, profesores, trabajadores, líderes sociales y sindicales, sociedad en general, para la construcción de un México más justo, solidario y entregado a causas que auguran un mejor futuro por los beneficios compartidos.

Las aportaciones de aquella lucha

Ha sido definitivo un talante que viene precisamente de la lucha estudiantil y social. La administración de la Presidenta Claudia Sheinbaum inició su gobierno hace dos años con la publicación de un acuerdo por el que “se reconoce que la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968 constituyó un crimen de lesa humanidad”.

El compromiso del Estado mexicano

Vino la disculpa pública “por esta grave atrocidad” y un compromiso que queda grabado en el corazón de un movimiento como lo es la Cuarta Transformación de la vida pública del país:

“En nombre y representación del Estado Mexicano, el Ejecutivo Federal a mi cargo se compromete a garantizar la no repetición de atrocidades como a las que se refiere el presente acuerdo; actos de represión, actos de privación ilegal de la libertad, uso de las fuerzas armadas contra la población, utilización de cárceles clandestinas, desapariciones forzadas, torturas u otros tratos crueles, inhumanos o degradantes, o a la anuencia del Estado para destruir o exterminar a un grupo de la población mexicana”.

Una memoria para las nuevas generaciones

Una buena forma de consagrar el movimiento estudiantil de 1968 es que sus hijos, las generaciones que provienen de ahí, asuman su destino histórico e inspiren el de otros con base en las profundas enseñanzas de una gesta de tal magnitud.


Las opiniones expresadas en Bajo Palabra+mx son libres, pero son responsabilidad de quien las expresa, no representan necesariamente la linea editorial de este medio.


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