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Trampa en la UNAM: el dilema ético y tecnológico que Isaac Asimov predijo para hoy

Frente al atajo de la trampa, la literatura de Isaac Asimov ofrece la clave para recuperar la empatía, el saber y el uso ético de las nuevas herramientas.

La visión de Isaac Asimov: cuando la literatura anticipó los dilemas tecnológicos.
La visión de Isaac Asimov: cuando la literatura anticipó los dilemas tecnológicos.

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Por: Gustavo Alatorre


Opinión.- La polémica que ha desatado el examen de admisión a nivel licenciatura de la UNAM ha dejado a la vista varios problemas serios que nos competen directamente como sociedad. Sin embargo, más allá de pensar si fue correcto o no un examen en línea, si la empresa contratada no ofreció las garantías necesarias para estar a la altura de la máxima casa de estudios de este país– y el porqué de su contratación–,el uso ético de la tecnología y la crisis de valores de todos los implicados (léase: toda la sociedad mexicana) es el punto esencial para atender hoy en día y en el futuro cercano.

No se trata sólo de sorprendernos de lo que podemos ser capaces de hacer para entrar a toda costa en una universidad que, pese a todo, sigue teniendo un renombre importante y un capital cultural significativo que la hace una de las universidades públicas más prestigiosas de América Latina, se trata de cuestionar y reflexionar todo aquello que va implícito en el hecho de no realizar un “proceso limpio”; estar consciente de ello y, en algunos casos, tener hasta el consentimiento de los padres para hacerlo.

Cuando la literatura anticipó los dilemas tecnológicos

Para quienes piensen que el dilema de las tecnologías y su uso ético es un asunto nuevo, están equivocados. La literatura del siglo pasado ha dejado cientos de enseñanzas y reflexiones que hoy en día pueden servir de brújula para estos tiempos donde nada parece brindar certezas. Este es el caso de Isaac Asimov (EU, 1920-1992), quien no sólo es un hito de la ciencia ficción, también fue uno de los primeros en vislumbrar los dilemas morales que traía consigo el avance tecnológico.

En sus cuentos “Cómo se divertían” (1951) y “La última pregunta” (1956) encontramos en todo momento “pistas” para una buena convivencia entre la tecnología y el ser humano. En el primer texto se narra la historia de dos niños que en un futuro distante encuentran un libro impreso y se sorprenden al descubrir que los niños del pasado tomaban clases en algo llamado “escuelas”, junto con otros niños, y que sus maestros eran otros humanos, lo cual les parece un asunto extraordinario e increíble.

En el segundo texto se narra la evolución de una super computadora –si viviera Asimov, se sorprendería al ver cómo esta super computadora que él describe se parece tanto a lo que hoy llamamos “Inteligencia Artificial”– que logra llevar al ser humano a otros planetas y conquistar el universo, ayudándolo a trascender no sólo su corporalidad sino su consciencia misma.

Ambos cuentos arrojan luz sobre la cuestión tratada en estas líneas: educación y el uso ético de las tecnologías. Por un lado, encontramos en Asimov una reflexión de suma importancia en materia educativa; esta es que, sin importar la tecnología, el proceso de enseñanza y aprendizaje tiene que ahondar sus bases en las relaciones humanas, en la empatía, en el trato y contacto entre dos o más seres que deciden en el día a día compartir su experiencia personal, su descubrimiento del mundo, sus hallazgos y fracasos. Por otro lado, el uso responsable de la tecnología: si se utiliza para el bien de todos y todas, para encontrar respuestas a las preguntas fundamentales, para sanar heridas, descubrir curas y soluciones a enfermedades y padecimientos, la trascendencia del ser humano es posible.

La urgencia de guiar a las nuevas generaciones desde el arte y la ética

Tenemos una tarea como docentes, como padres y madres, como tías y hermanas, como amigos, y esta es la de volver al ideal del camino del saber, del descubrimiento y el cuestionamiento científico. A mirar el proceso educativo universitario no sólo como un trampolín al mundo laboral, sino como un proceso que nos dotará de conocimientos para ser seres humanos empáticos, bondadosos, responsables con la sociedad y el mundo. Sin olvidar que las emociones y el arte son también una forma de conocimiento, una manera de explicarse y comprender lo que somos y lo que nos rodea.

Debemos saber que hoy más que nunca la frase “El fin justifica los medios” es un cáncer que nos conduce como humanidad a un barranco frío y desolador. Que la trampa es un camino fácil, pero que no lleva a ningún sitio. Hoy tenemos el deber como sociedad, como adultos de una generación anfibio que ha transitado de lo analógico a lo digital, de guiar a estas nuevas generaciones: no desde el reclamo, la burla o la condena; más bien, desde el arte y la ciencia, desde la anécdota y al experiencia: desde la bellísima literatura.

Leer a Isaac Asimov en clase, antes de dormir, en las tardes de lluvia o frío, en la sombra sobre la arena de una playa o ante la inmensidad de una noche estrellada, hoy más que nunca resulta fundamental…se vuelve necesario.


El autor: Gustavo Alatorre es Poeta, ensayista, Doctor en Letras y docente de la UNAM. Tiene publicados los libros de poesía: Guardar el infierno (2009), Nueve nocturnos para que duerma Lesbia (2014), Epístolas mayores o el libro de la oscuridad (2015) y Oscura Prosa de Vulgar Latín (2018); Cuenta con diversos premios literarios.

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