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El PIB tropieza en el arranque de año, pero el gobierno se aferra a "otros datos"

La economía mexicana sufre su peor inicio de año desde la pandemia con una caída del 0.6%, mientras Sheinbaum confía en que el Mundial y la infraestructura salven el barco.

De tropezón en tropezón avanza la economía mexicana.
De tropezón en tropezón avanza la economía mexicana.

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Ciudad de México.- La economía mexicana arrancó el año con el freno de mano puesto. Los datos del Inegi confirmaron una caída del 0.6% del Producto Interno Bruto (PIB) en el primer trimestre, el peor inicio de año desde el impacto de la pandemia en 2020.

El tropezón borró casi por completo la ligera recuperación de finales del año pasado y deja una postal incómoda: mientras la realidad financiera muestra números rojos, el gobierno de Claudia Sheinbaum se mantiene inamovible en su optimismo.

Un golpe parejo que arrastró a todos los sectores

La caída del PIB dolió especialmente porque atacó los tres frentes clave de la economía, rompiendo la tendencia de trimestres anteriores donde el comercio y los servicios lograban mantener a flote los números. Esta vez, nadie se salvó.

El sector más castigado fue el de las actividades primarias —que incluye al campo, la pesca y la ganadería—, el cual sufrió un desplome del 1.7% respecto al trimestre anterior. Por su parte, la actividad industrial y manufacturera (el sector secundario) retrocedió un 1.0% trimestral, reflejando el freno en la inversión y una menor demanda externa. Incluso los servicios y el comercio, que suelen ser el motor de la economía, cayeron un 0.4%, una señal clara de que las familias mexicanas ya están gastando menos.

"La debilidad fue generalizada en los principales sectores, lo que refuerza la opinión de que la desaceleración refleja una disminución del dinamismo interno más que un impacto aislado", advirtió Andrés Abadía, economista en jefe para Latinoamérica de Pantheon Macroeconomics.

La brecha del optimismo: realidad vs. Palacio Nacional

El panorama general apunta a un menor gasto de los hogares, una menor inversión de capital y tasas de interés que siguen asfixiando la actividad económica. Con este escenario, los analistas privados —según la última Encuesta Citi— ya perdieron el optimismo y recortaron su estimación de crecimiento para el cierre de año a un modesto 1.1%.

Los analistas privados recortan sus pronósticos al 1.1%, pero Hacienda insiste en que creceremos hasta un 2.8% este año.
Sin embargo, el gobierno federal navega con otra brújula. Pese a las advertencias de las agencias calificadoras y la turbulencia que se avecina con la revisión del T-MEC, la administración de Sheinbaum mantiene su pronóstico de crecer entre 1.8% y 2.8%. Sus cartas de salvación para reactivar la demanda interna son el Plan de Infraestructura y la derrama económica que traerá el Mundial de Futbol. Por ahora, los datos fríos del Inegi dicen lo contrario: la economía está frágil y el dinamismo se está agotando.

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