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Madrid.- El silbatazo final no solo consagró a una nueva selección en la cima del futbol global, sino que desató una fiesta sin fronteras en el corazón de la Ciudad de México. Apenas concluyó el encuentro, la Fuente de Cibeles fue tomada por una marea de aficionados locales y extranjeros que, ondeando la bandera rojigualda, convirtieron la glorieta en una auténtica sucursal española.
Entre cantos incesantes de "¡Viva España!" y el ritmo pop de Aitana, la euforia desbordada demostró que la pasión por el campeonato se vivió con la misma intensidad que en la península ibérica.
La profecía campeona y el factor Aitana en los festejos
La celebración en la Cibeles estuvo marcada por un ambiente intergeneracional y multicultural. Mientras los hinchas más veteranos cargaban a niños sobre hombros, los jóvenes volaban por los aires entre risas y abrazos. Para muchos de los asistentes, el desenlace del torneo no fue una sorpresa: "Desde el primer partido se supo que España iba a ser campeón", aseguraban los aficionados con orgullo, mientras la música de fondo ponía el sello sonoro a una tarde que quedará grabada en la memoria de la comunidad española residente y los simpatizantes locales.
El veredicto de la afición: "El Mundial se quedó sin México"
Más allá del triunfo de la Furia Roja, el cierre del torneo dejó una profunda huella de nostalgia y orgullo en el país. A pesar de la eliminación temprana de la selección nacional, los asistentes extranjeros y locales coincidieron en que el alma de la justa mundialista estuvo en el territorio azteca, calificando a México como "el mejor anfitrión del mundo".
La emotiva jornada cerró con una frase que resonó entre la multitud y que resume el sentir de una afición que adoptó múltiples camisetas durante semanas: "México no se quedó sin Mundial, el Mundial se quedó sin México".