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México.- Detrás de la identificación de Mauro Alberto Núñez Ojeda (o Alejandro Ojeda Ávila), alias El Jando, como el piloto que trasladó a Ismael El Mayo Zambada y a Joaquín Guzmán López a Estados Unidos en julio de 2024, se esconde un complejo entramado de fallas sistémicas, complicidades y omisiones por parte del Estado mexicano.
Lejos de ser un simple transportista, el piloto era el cerebro de la logística aérea de la facción de Los Chapitos, coordinando una flota de decenas de aeronaves que operaron con total impunidad en el espacio aéreo nacional durante dos décadas.
En una entrevista para el espacio Aristegui en Vivo, el periodista y especialista en seguridad Ricardo Ravelo desglosó los detalles de una operación que exhibe la vulnerabilidad del sistema de vigilancia aérea de México y cuestiona la actuación de la Fiscalía General de la República (FGR). Según el investigador, la entrega de El Jando a Washington en agosto de 2025 —bajo el amparo de la Ley de Seguridad Nacional— se realizó sin que las autoridades mexicanas lo interrogaran sobre el histórico vuelo del 25 de julio de 2024, pese a haberlo tenido bajo custodia durante seis meses.
"Me parece que esto fue una omisión, un error grave de la autoridad mexicana", sostuvo Ravelo, destacando que el piloto hoy se encuentra fuera del alcance de la justicia nacional, asimilado como testigo colaborador en el sistema judicial estadounidense.
El imperio aéreo de 'Los Chapitos' y el avión fantasma
La investigación de Ravelo y los datos de inteligencia criminal dibujan un panorama alarmante sobre la capacidad operativa del Cártel de Sinaloa en los cielos de la región:
- La flota aérea: El Jando no era un piloto eventual; fungía como el coordinador general de la flota aérea de Los Chapitos, estimada en aproximadamente 60 aeronaves. Esta infraestructura era utilizada para el trasiego masivo de cocaína y sintéticos conectando Centroamérica, Sudamérica, México y Estados Unidos.
- El avión alterado: La aeronave utilizada para el traslado de Zambada poseía modificaciones estructurales y de telecomunicaciones diseñadas específicamente para evadir radares. "Voló por el espacio aéreo mexicano durante 20 años, con toda una serie de alteraciones en sus componentes, con el objetivo de no ser detectado", detalló Ravelo, cuestionando cómo la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) fue incapaz de ubicar el despegue desde una pista clandestina en Culiacán.
- El retorno impune: Tras dejar a los capos en Nuevo México, el piloto regresó a territorio sinaloense sin contratiempos, donde continuó coordinando vuelos ilícitos hasta su detención fortuita en febrero de 2025 en Jesús María.
"¿Cómo ese avión pudo llegar a México, despegar de esa pista clandestina y salir del espacio aéreo sin ser detectado? El piloto pudo regresar sin ningún problema y se afincó nuevamente en Sinaloa para seguir delinquiendo", cuestionó el periodista.
De prisionero en México a colaborador en EU
El destino final de El Jando confirma la asimetría en el manejo de la información de inteligencia entre México y su vecino del norte. Tras su captura en 2025, el piloto ingresó a un penal mexicano bajo una identidad falsa. Aunque la FGR logró establecer científicamente su verdadera identidad mediante pruebas periciales de voz y huellas dactilares (obtenidas de las grabaciones de la torre de control de Ciudad Juárez al momento de cruzar la frontera en 2024), el Gobierno mexicano optó por incluirlo en la lista de 26 delincuentes de alta peligrosidad entregados administrativamente a EU.
Actualmente, el operador aéreo no figura en los registros penitenciarios públicos estadounidenses. Ravelo confirmó que el piloto se ha acogido a un programa de testigos protegidos, proporcionando mapas de rutas, nombres de colaboradores y la estructura financiera del tráfico aéreo del Cártel de Sinaloa a las agencias norteamericanas.
La conexión política: Rubén Rocha Moya en el centro de la conspiración
El caso del piloto reactiva inevitablemente el debate sobre la colusión al más alto nivel de la política estatal en Sinaloa. Ravelo vinculó estos hallazgos con la investigación plasmada en su reciente libro, La Cuarta Transformación del Crimen Organizado (coescrito con José Luis Montenegro), donde se señala de manera directa al exgobernador Rubén Rocha Moya como el facilitador del encuentro donde El Mayo Zambada fue privado de su libertad.
Rocha Moya —quien actualmente se encuentra con licencia de su cargo y enfrenta una solicitud formal de detención provisional con fines de extradición por parte del Gobierno de Estados Unidos— es señalado como la "pieza central" que convocó a la reunión en la finca de Huertos del Pedregal. La investigación periodística cuenta con registros de audio y testimonios que apuntan a que el encuentro que derivó en la entrega de Zambada no fue una mera disputa entre facciones, sino una celada planificada con conocimiento de actores institucionales.
La confirmación de la FGR sobre la identidad del piloto no hace sino validar la profundidad de una crisis de seguridad donde las fronteras entre las agencias del Estado, la política local y las flotas aéreas del narcotráfico continúan mostrándose alarmantemente difusas.