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Topolobampo en disputa: GPO impulsa planta de amoniaco y biodiversidad marina enfrenta posible colapso

Más allá del impacto ambiental, también representa un riesgo para la salud, Profepa señala que el contacto con concentraciones elevadas de amoniaco puede generar daños en la piel, los ojos y el sistema respiratorio

Comunidades y colectivos ambientales han encabezado protestas para exigir la cancelación del proyecto por considerar que pone en riesgo el ecosistema lagunar

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Topolobampo, Sinaloa.- En la costa norte de Sinaloa, el puerto de Topolobampo se ha convertido en el epicentro de un conflicto que mezcla industria pesada, biodiversidad y resistencia comunitaria.

La llegada de infraestructura para una planta de
amoniaco ha detonado una cadena de protestas encabezadas por comunidades mayo-yoreme y organizaciones ambientales que ven en el proyecto una amenaza directa a su territorio.

Desde finales de mayo, habitantes de la Bahía de Ohuira han reportado movimientos constantes de maquinaria, interrupciones en el suministro eléctrico y, sobre todo, incertidumbre por la falta de información oficial sobre lo que ocurre en la zona portuaria.

Activismo que escala fronteras

La respuesta no se ha quedado en el territorio. Comunidades indígenas, pescadores y colectivos ambientales han articulado una estrategia que ya incluye denuncias nacionales e internacionales.

El frente más visible es el de los pueblos mayo yoreme, que han mantenido protestas en accesos al puerto y movilizaciones públicas para exigir la suspensión del proyecto. Su mensaje se ha centrado en la defensa del agua, los manglares y la pesca, actividades que sostienen la economía local.

El conflicto también llegó a instancias globales. Relatorías especiales de la Naciones Unidas enviaron advertencias a gobiernos y empresas involucradas por posibles impactos graves en derechos humanos, salud y medio ambiente.

Un ecosistema en riesgo

La zona donde se proyecta la planta no es un espacio industrial aislado. Es parte del sistema lagunar Santa María Topolobampo Ohuira, considerado uno de los corredores biológicos más importantes del noroeste del país.

Ahí habitan al menos 32 especies de aves migratorias y residentes protegidas, además de colonias reproductivas como la golondrina marina real, el bobo café y el ostrero americano.

Especialistas advierten que la alteración del hábitat podría afectar rutas migratorias completas.

En el entorno marino también se concentran delfines nariz de botella, toninas overas y lobos marinos, junto con especies comerciales clave como camarón, jaiba y almeja, base directa de la economía pesquera local.

Manglares y dunas costeras completan un ecosistema que funciona como barrera natural contra tormentas y como zona de reproducción para múltiples especies.

El punto crítico del agua

Uno de los focos más sensibles del proyecto está en el uso de agua marina. De acuerdo con documentos del propio proyecto, la planta requeriría la extracción de más de dos mil metros cúbicos de agua por hora.

El retorno de esa agua al mar con mayor temperatura ha encendido alertas entre activistas, ya que señalan, devolverá 3 grados más arriba y advierten posibles alteraciones en la temperatura del océano.

En términos locales, esto se traduce en riesgo directo para la pesca, una de las principales fuentes de ingreso de la región.

El megaproyecto y su escala

La iniciativa es impulsada por Gas y Petroquímica de Occidente, filial de la suizo alemana Proman AG, con financiamiento principal del banco alemán KfW IPEX-Bank, dentro de un paquete crediticio que ronda los 860 millones de dólares.

El complejo industrial se perfila como la planta de amoniaco más grande de América Latina, con una producción estimada de 2200 toneladas diarias, destinada principalmente a fertilizantes y procesos industriales.

Para comunidades opositoras, esa escala no representa desarrollo sino una presión irreversible sobre un ecosistema ya frágil.

Riesgo humano en debate

Más allá del impacto ambiental, el amoniaco también representa un riesgo directo para la salud. Autoridades ambientales como la Profepa advierten que la exposición a concentraciones elevadas puede provocar irritación severa en ojos, piel y vías respiratorias, además de quemaduras químicas.

En escenarios extremos, la inhalación puede derivar en daños graves e incluso fatales, lo que ha reforzado el temor de comunidades cercanas al puerto ante posibles incidentes industriales.

Empresa defiende el proyecto

Frente a las críticas, Gas y Petroquímica de Occidente sostiene que la planta no comprometerá los servicios ecosistémicos de la bahía. La empresa afirma que existen programas de conservación para manglares, aves, tortugas y fauna marina.

También argumenta que el área donde se construye ya había sido intervenida previamente y que cumple con los permisos ambientales establecidos por la autoridad federal.

Un conflicto que sigue abierto

Mientras la maquinaria avanza en el puerto, la disputa se mantiene activa en dos frentes, el de la expansión industrial y el de la defensa del territorio.

De un lado, un megaproyecto energético con respaldo financiero internacional.

Del otro, comunidades que advierten que el costo puede ser la transformación irreversible de uno de los ecosistemas más ricos del Golfo de California.

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