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Ciudad de México.- La cuenta regresiva ya tiene fecha. El próximo 7 de junio, el gobierno federal mostrará el prototipo final de Olinia, el proyecto con el que México busca meterse de lleno en la fabricación de vehículos eléctricos propios.
La presidenta Claudia Sheinbaum no lo planteó como un anuncio más. Lo que viene después del evento es el arranque de la producción. “Es el prototipo final y a partir de ahí empieza el proceso de producción”, dijo durante su conferencia matutina, donde también dejó ver que el proyecto ya no caminará solo desde el sector público.
Del laboratorio a la industria
El plan ahora es escalar. Para eso, el gobierno explora alianzas con empresas privadas que permitan instalar líneas de ensamblaje y llevar el modelo a producción masiva. La decisión no es menor; definirá quién entra al primer intento serio de crear una armadora nacional de autos eléctricos accesibles.
Hasta ahora, el desarrollo ha estado en manos de la Secretaría de Energía junto con el Instituto Politécnico Nacional, en un esquema que mezcla investigación pública con objetivos industriales. La apuesta es clara; no solo ensamblar, sino diseñar y fabricar tecnología en México.
Movilidad eléctrica al alcance
Olinia apunta a un segmento distinto al de los autos eléctricos tradicionales. No busca competir con vehículos de alto costo, sino ofrecer una alternativa urbana, compacta y más accesible.
El modelo contempla tres versiones —personal, comunitaria y de carga— con precios estimados entre 90 mil y 150 mil pesos. Además, uno de sus diferenciadores clave es la recarga en enchufes domésticos, sin necesidad de infraestructura especializada.
Detrás del proyecto también hay una lógica educativa y tecnológica. El equipo de investigación que lo desarrolló se mantendrá activo, con participación de instituciones como el IPN y el Tecnológico Nacional de México, para seguir innovando en baterías, energía y electromovilidad.
La ruta, sin embargo, no está libre de obstáculos. La producción en serie está prevista hasta 2027 y dependerá de factores como certificaciones, regulaciones, capacidad industrial y, sobre todo, la respuesta del mercado.
Por ahora, el 7 de junio marca algo más que una presentación. Es la prueba de si la apuesta por un auto eléctrico hecho en México puede pasar del discurso a la línea de ensamblaje.