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Ciudad de México.- Hay disculpas que, en lugar de apagar el fuego, le echan gasolina. Eso es precisamente lo que ha conseguido el periodista deportivo Mauricio Ymay tras el tsunami de críticas provocado por sus recientes declaraciones, en las que sugirió el uso de la fuerza pública —incluyendo tanquetas, agua a presión y balas de goma— para reprimir las manifestaciones ciudadanas y limpiar la imagen de la Ciudad de México ante el arranque del Mundial 2026.
Acorralado por el boicot digital, el comentarista de TUDN acudió a sus plataformas para lanzar un mensaje de control de daños titulado "He escuchado, he reflexionado y este es mi mensaje". Sin embargo, la opinión pública no ha tardado en leer la letra pequeña de su arrepentimiento, calificándolo como una estrategia dictada por la presión de sus superiores laborales más que como una empatía real con la tragedia social del país.
El recurso de la tarjeta familiar
En su comunicado oficial, Ymay justificó sus palabras argumentando que su intención original era simplemente desear que un "evento tan importante" se desarrollara en un "ambiente de orden y seguridad". Negó rotundamente haber querido minimizar las causas sociales, a pesar de que en el podcast "Off the record" de David Faitelson señaló directamente a los colectivos de madres buscadoras y a la CNTE como los obstáculos a retirar de la vía pública.
Para cerrar su pronunciamiento, el analista recurrió al clásico libreto de relaciones públicas, apelando a su vida personal: "Como padre, hijo y esposo, me resulta imposible ser indiferente ante el dolor, la incertidumbre o las injusticias que enfrentan muchas familias en nuestro país". Una frase sentimental que, lejos de conmover, enfureció aún más a las redes sociales.
"Fuiste indiferente al dolor, solo te importa que tu evento se vea bonito en televisión", reviró un usuario en X (antes Twitter), resumiendo el sentir colectivo.
Disculparse en público, censurar en privado
El verdadero talón de Aquiles de la disculpa de Ymay quedó al descubierto por su propia gestión de las redes sociales, una jugada que HuffPost y miles de internautas no han dejado pasar.
Mientras que en X la sección de comentarios se convirtió en un paredón digital donde activistas y defensores de derechos humanos desarmaban sus argumentos, en Instagram el periodista aplicó una táctica muy distinta. Ymay decidió desactivar por completo los comentarios en todas sus publicaciones, dejando bajo el post de su disculpa únicamente aquellos mensajes aprobados, "buenos y agradables" hacia su persona.
Este doble rasero digital —pedir perdón de frente pero bloquear la crítica real— ha terminado por sepultar la credibilidad de su comunicado. La audiencia ha dejado claro que un evento deportivo no puede tapar la crisis humanitaria de los desaparecidos en México, y que una disculpa blindada con filtros de comentarios no es más que un intento corporativo por salvar el puesto antes de que ruede el balón.