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IA sin freno; gobiernos, tecnológicas y expertos chocan por quién debe ponerle límites

El avance de sistemas cada vez más autónomos abrió una disputa entre quienes piden controles más estrictos y quienes consideran que reducir el ritmo podría dejar a Estados Unidos en desventaja frente a China

Gobiernos, empresas tecnológicas y organismos internacionales mantienen posturas encontradas sobre los límites que debería tener el desarrollo de la inteligencia artificial

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Mundo.- La inteligencia artificial dejó de ser únicamente una herramienta para resolver tareas cotidianas y se convirtió en un asunto que enfrenta a gobiernos, empresas tecnológicas, organismos internacionales y hasta instituciones religiosas.

El punto de choque está en cuánto debe avanzar la tecnología y quién tendría que decidir hasta dónde puede llegar. Mientras algunos advierten sobre una posible pérdida de control, otros consideran que detener su desarrollo representa un riesgo estratégico.

En medio de esa discusión, una frase pronunciada por la analista Maliyka Muhammad resume el temor de una parte de la población. “Soltamos a la bestia”, dijo durante entrevistas realizadas por AFP a personas de ocho países.

La alarma llegó hasta Silicon Valley

El debate también provocó coincidencias poco habituales entre empresarios tecnológicos que compiten por dominar el desarrollo de la IA.

Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, pidió reducir el ritmo de la industria y planteó auditorías independientes obligatorias para los modelos más avanzados. Sam Altman, de OpenAI, y Elon Musk, de xAI, respaldaron la necesidad de mayores controles.

Altman ha advertido sobre la posibilidad de que una IA extremadamente poderosa termine concentrando demasiado poder en una empresa, laboratorio o país. También ha planteado establecer evaluaciones preventivas para los sistemas durante su desarrollo.

Mark Zuckerberg mantiene una posición distinta. El responsable de Meta respalda la participación de evaluadores independientes, pero rechaza frenar el avance de la tecnología y sostiene que los propios laboratorios deben asumir la responsabilidad de desarrollar sistemas seguros.

Las advertencias también llegaron desde el interior de las compañías. Jacob Coxon, investigador que trabajó en Anthropic y OpenAI, renunció y alertó sobre el desarrollo de sistemas superinteligentes que, según su postura, podrían representar una amenaza extrema para la humanidad.

El nerviosismo incluso alcanzó a los mercados, con descensos en acciones vinculadas con la inteligencia artificial después de los llamados de algunos dirigentes del sector para reducir la velocidad de desarrollo.

Washington y Pekín chocan por el futuro

La discusión tecnológica también se convirtió en un asunto geopolítico. En Estados Unidos, Bernie Sanders y Steve Bannon coincidieron en expresar preocupación por el rumbo de la IA, aunque sus propuestas para enfrentarla son diferentes.

Sanders anunció que buscará prohibir mediante una ley el desarrollo de una superinteligencia artificial y planteó negociar con China para contener los sistemas más avanzados.

Bannon, en cambio, propuso limitar los vínculos entre los sectores estadounidense y chino de inteligencia artificial, además de restringir el acceso de China a componentes tecnológicos avanzados y a determinados mercados de capitales.

Desde China, el People's Daily rechazó que la carrera por la IA tenga que convertirse en una competencia en la que una potencia necesariamente pierda cuando otra avance.

El diario oficial llamó a Estados Unidos y China a cooperar para enfrentar los riesgos de esta tecnología.

La Casa Blanca mantiene una postura diferente frente a las advertencias. Donald Trump calificó como un “bulo” la posibilidad de que la IA destruya a la humanidad y sostuvo que frenar su desarrollo favorecería a China.

Su administración también enfrenta un conflicto con Anthropic por las restricciones que la empresa estableció para determinados usos militares de Claude, entre ellos la vigilancia dentro de Estados Unidos y las armas autónomas.

Mientras tanto, Europa impulsa mayores controles sobre el entorno digital y la inteligencia artificial. Ursula von der Leyen propuso nuevas restricciones de acceso a redes sociales según la edad y anunció conversaciones con empresas tecnológicas para evaluar los riesgos de los sistemas de IA más avanzados.

En Naciones Unidas, el alto comisionado para los Derechos Humanos, Volker Türk, advirtió sobre las consecuencias que podrían tener sistemas cada vez más autónomos sobre infraestructuras, servicios básicos y mecanismos de seguridad internacional.

El debate, así, ya no gira únicamente alrededor de lo que la inteligencia artificial puede hacer. La disputa central es quién tendrá la autoridad para establecer sus límites y qué consecuencias tendría dejar esa decisión en manos de gobiernos, empresas o países que compiten por dominar la tecnología.

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