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Ciudad de México.— La noche del 15 de septiembre, el nombre de Antonia Nava de Catalán volvió a escucharse en Palacio Nacional. Claudia Sheinbaum la incluyó por primera vez entre las figuras a las que dedicó una arenga durante el Grito de Independencia de 2026.
Para Guerrero, sin embargo, Antonia Nava no es un personaje recién descubierto.
Fue una mujer nacida en Tixtla, vinculada directamente con las fuerzas insurgentes que combatieron en el sur durante la Guerra de Independencia y protagonista de algunos de los episodios más dramáticos de aquella lucha.
Su historia está relacionada con José María Morelos, Nicolás Bravo y Vicente Guerrero, pero también con lugares que hoy forman parte de la identidad histórica de Guerrero: Tixtla, Chilpancingo, Jaleaca, Coyuca de Catalán y la Sierra Madre del Sur.
Nació en Tixtla en 1779
Antonia Nava nació el 17 de noviembre de 1779 en Tixtla, entonces una población de la región sur de la Nueva España.
Era hija de Nicolás Nava y María Celestina. Posteriormente contrajo matrimonio con Nicolás Catalán, originario de Chilpancingo, con quien tuvo varios hijos.
La familia se trasladó por distintas poblaciones hasta establecerse en Jaleaca. Fue precisamente allí donde los alcanzó el inicio de la Guerra de Independencia.
Cuando el movimiento insurgente llegó al sur, Antonia y su esposo se incorporaron a las fuerzas que seguían a José María Morelos y Pavón.
No fue una participación limitada al papel de acompañante de su marido. Las fuentes históricas la describen como una integrante activa del movimiento insurgente, hasta el punto de que los propios combatientes comenzaron a llamarla “La Generala”.
Su familia también combatió
La historia de Antonia Nava está profundamente relacionada con la de su esposo y sus hijos.
Nicolás Catalán combatió en las fuerzas insurgentes y participó en las campañas dirigidas por Morelos y posteriormente por Nicolás Bravo.
Antonia acompañó ese proceso y sufrió directamente las consecuencias de la guerra: varios de sus hijos murieron combatiendo por la causa insurgente.
Uno de ellos murió durante los combates de Tixtla; otro, Manuel, cayó en el combate de Mezcala; y Nicolás murió posteriormente durante la toma de Coyuca.
La historia de los hijos de Antonia es precisamente una de las razones por las que su figura adquirió tanta fuerza dentro de la memoria histórica guerrerense.
El episodio que la convirtió en símbolo
Uno de los episodios más conocidos ocurrió durante los combates por Tixtla en 1811.
Mientras Morelos combatía en la población, Antonia recibió la noticia de que uno de sus hijos había muerto.
Morelos intentó consolarla.
La respuesta que se le atribuye resume la imagen que posteriormente se construyó alrededor de ella: en lugar de abandonar la lucha por la muerte de su hijo, Antonia habría puesto a disposición de la causa a los demás hijos que le quedaban.
El episodio quedó registrado en la tradición histórica como una muestra de su compromiso con la causa insurgente.
Más allá de la frase concreta que las fuentes le atribuyen —que puede variar según la versión histórica—, el hecho fundamental es que Antonia Nava perdió a integrantes de su propia familia durante la guerra.
Estuvo ligada al Congreso de Anáhuac
Antonia también aparece vinculada a uno de los acontecimientos políticos fundamentales de la Independencia en Guerrero: el Primer Congreso de Anáhuac, instalado en Chilpancingo en septiembre de 1813.
La tradición histórica señala que Antonia Nava y María de Jesús de Nava participaron en la preparación de alimentos para los insurgentes y asistentes relacionados con aquel acontecimiento.
Esto es importante porque el Congreso de Anáhuac no fue simplemente una reunión militar.
Fue el espacio en el que Morelos presentó los Sentimientos de la Nación, uno de los documentos fundamentales del proceso independentista mexicano.
Por eso la vida de Antonia Nava quedó relacionada también con Chilpancingo como escenario político de la Independencia.
El episodio de Jaleaca: cuando las mujeres quisieron sacrificarse
Pero probablemente el episodio más extraordinario de la vida de Antonia ocurrió años después.
En 1817, las fuerzas insurgentes comandadas por Nicolás Bravo y Nicolás Catalán se encontraban sitiadas por los realistas en el Cerro del Campo, en la región de Jaleaca.
El sitio se prolongó durante aproximadamente 50 días.
Los insurgentes se quedaron prácticamente sin alimentos. La situación llegó a tal extremo que se planteó matar a uno de los soldados para utilizar su cuerpo como alimento.
Antonia Nava y otras mujeres del contingente se opusieron.
Según la tradición histórica, plantearon que, si alguien debía sacrificarse, fueran ellas y no los soldados.
Finalmente, Antonia propuso otra alternativa: salir del sitio y combatir.
La respuesta se convirtió en uno de los episodios más famosos asociados con su figura.
En la noche del 14 de marzo de 1817, los insurgentes realizaron una salida y lograron romper el cerco.
Por este episodio y por su participación constante en las campañas, quedó asociada al sobrenombre de “La Generala”.
Coyuca de Catalán también cuenta parte de esta historia
Existe otro vínculo directo entre Antonia Nava y la geografía de Guerrero.
Uno de sus hijos, Nicolás Catalán, murió durante los combates de Coyuca en 1818.
Después de su muerte, la población recibió el nombre de Coyuca de Catalán, en homenaje al joven combatiente.
Décadas después, en 1875, el pueblo recibió oficialmente el rango de ciudad y quedó establecido el nombre que conserva actualmente: Coyuca de Catalán.
Es decir, el apellido de la familia de Antonia Nava quedó literalmente incorporado al mapa de Guerrero.
También estuvo en la consumación de la Independencia
La historia de Antonia no terminó con la derrota de los principales ejércitos realistas.
En 1821, cuando finalmente se consumó la Independencia, Antonia Nava y miembros de su familia estuvieron relacionados con los acontecimientos que condujeron a la formación del Ejército Trigarante.
El Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México señala que Antonia Nava entró a la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821 junto con el Ejército de las Tres Garantías, montada a caballo.
La mujer que había pasado años acompañando la guerra insurgente pudo presenciar finalmente la entrada triunfal del ejército independentista en la capital.
Murió en Chilpancingo
Antonia Nava murió el 19 de marzo de 1843, en Chilpancingo, a los 63 años.
Sus restos fueron sepultados junto a los de su esposo, Nicolás Catalán.
El propio Congreso de Guerrero ha reconocido históricamente su figura como “hija predilecta de Tixtla” y heroína de la Independencia. Su nombre fue colocado también en el Muro de Honor del recinto legislativo del estado.
Actualmente, Tixtla mantiene viva su memoria. Existe una estatua dedicada a ella en el barrio de San Isidro y una escuela secundaria lleva su nombre. El municipio también realiza actos conmemorativos por su natalicio y aniversario luctuoso.
De Tixtla al Grito presidencial
Por eso, cuando la noche del 15 de septiembre de 2026 se escuchó:
“¡Viva Antonia Nava!”
en Palacio Nacional, el nombre que respondió el Zócalo tenía una historia particularmente profunda con Guerrero.
Era el nombre de una mujer nacida en Tixtla en 1779, esposa de un insurgente, madre de jóvenes que murieron en combate, participante de la resistencia encabezada por Morelos y relacionada con los acontecimientos que llevaron a la Independencia.
Y también era el nombre de una mujer que, después de más de dos siglos, continúa formando parte de la memoria histórica de Guerrero.