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Gobierno capitalino anuncia centro comunitario para bienestar de infancia migrante

El espacio ofrecerá servicios de educación, cuidados diarios y atención básica en salud para menores en contexto de movilidad

Niñez migrante tendrá nuevo espacio de atención y desarrollo en la capital

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Ciudad de México.- La infancia migrante dejó de ser un tema periférico para colocarse en el centro de la conversación pública. El gobierno capitalino alista la creación de un espacio dedicado no solo al resguardo, sino al desarrollo integral de niñas y niños que hoy crecen entre trámites, traslados y estancias temporales.

La propuesta apunta a levantar un centro comunitario que combine educación, cuidados y atención básica para menores que viven en albergues de movilidad humana.

Ahí, la realidad es contundente, la mayoría tiene entre ocho y nueve años, aunque también hay decenas de bebés que aún no cumplen el primer año de vida.

Un refugio con nombre propio

El proyecto llevará el nombre de Amalia Solórzano, una figura ligada a causas humanitarias en México, y busca convertirse en algo más que un espacio asistencial. La idea, según autoridades, es ofrecer condiciones que permitan a los menores desarrollarse con estabilidad, aun cuando su situación migratoria siga en proceso.

El reto, reconocen, no es menor. Atender a población en tránsito implica resolver desde lo inmediato —salud, alimentación, educación— hasta lo estructural, cómo garantizar que la infancia no quede atrapada en la incertidumbre.

Escuela como punto de encuentro

En paralelo, se mantiene una ruta clave para las familias que permanecen en los albergues, las niñas y niños deben asistir a la escuela. La medida no es solo administrativa; funciona como una puerta de entrada a la integración social.

En esos salones conviven historias de distintos países. Siete de cada diez menores provienen de Venezuela, mientras que el resto llega de Colombia, Haití, Ecuador, Chile y Brasil. Algunos nacieron durante el trayecto migrante; otros, incluso, ya son mexicanos.

La convivencia cotidiana empieza a desmontar prejuicios de forma silenciosa. La escena es simple, un niño que vuelve a casa contando que su nuevo amigo viene de otro país.

Mientras el proyecto avanza, las actividades por el Día del Niño en los albergues —entre juegos, cultura y regalos— funcionan como un recordatorio breve pero potente: más allá de cifras y políticas, hay infancias que siguen esperando algo parecido a la normalidad.

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