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Ciudad de México.— La desaparición del mar de Aral, considerado uno de los mayores desastres ambientales provocados por el ser humano, no solo transformó el paisaje de Asia Central, sino que también convirtió la región en una nueva fuente de emisiones de carbono, de acuerdo con un estudio publicado en la revista Science.
La investigación concluye que el lecho seco del antiguo lago está liberando grandes cantidades de carbono que permanecían almacenadas en sus sedimentos, un proceso que agrava el cambio climático y modifica el balance de carbono de toda la región.
Mar de Aral ha liberado más de 200 teragramos de carbono desde 1960
Los investigadores estiman que, desde que comenzó el proceso de desecación en la década de 1960, los sedimentos expuestos han emitido 204 ± 53 teragramos de carbono, mientras que la vegetación que ha crecido sobre el antiguo fondo del lago ha compensado menos del uno por ciento de esas emisiones.
El estudio advierte que, si continúan secándose las zonas del lago que aún conservan agua, podrían liberarse 165 teragramos adicionales de carbono, lo que incrementaría aún más las emisiones de gases de efecto invernadero.
Restaurar el mar de Aral ayudaría a frenar nuevas emisiones de carbono
Los científicos señalan que incorporar estas emisiones cambia por completo el balance regional de carbono, ya que la cuenca del mar de Aral deja de ser considerada un sumidero para convertirse en una fuente neta de carbono.
Por ello, sostienen que recuperar parte del lago no solo tendría beneficios ecológicos y sociales para la población de Asia Central, sino que también representaría una medida de mitigación frente al cambio climático al evitar nuevas emisiones.
El lago perdió la mayor parte de su superficie por el desvío de ríos
El mar de Aral comenzó a reducirse a principios de la década de 1960, principalmente por el desvío de los ríos que lo alimentaban para proyectos de irrigación agrícola. Actualmente posee el mayor lecho lacustre seco expuesto del mundo.