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Zihuatanejo, Guerrero.-El terror se apoderó de las calles de Zihuatanejo la tarde de este martes, cuando una persecución entre civiles armados culminó en la ejecución de cuatro hombres. El incidente, ocurrido a plena luz del día y en las inmediaciones de centros escolares, vuelve a poner en jaque la narrativa de "paz y seguridad" que el Gobierno del Estado intenta proyectar hacia el exterior.
Cacería en Agua de Correa
Alrededor de las 16:30 horas, el estruendo de ráfagas de armas cortas paralizó la colonia Agua de Correa. Según reportes policiales, los agresores dieron alcance a sus víctimas tras una persecución por las avenidas principales:
- Escena uno: Dos cuerpos quedaron inertes dentro de un vehículo cerca del salón de eventos “Monte Bravo”.
- Escena dos: En un intento desesperado por salvar la vida, otros dos hombres descendieron de la unidad pero fueron alcanzados por las balas frente a una tienda de conveniencia, a pocos metros de la escuela primaria Mateana Orbe Lecuanda.
En el sitio, peritos ministeriales recolectaron más de 25 casquillos calibre 9 milímetros, evidencia de la saña con la que se operó en una zona de alto tránsito civil.
El costo del miedo: el turismo en la mira
Este nuevo episodio de violencia no es solo una cifra en la estadística de homicidios; es un misil contra la economía local. Zihuatanejo, que depende casi exclusivamente del turismo, observa cómo el crimen organizado se desplaza de las zonas periféricas hacia las entradas principales de la ciudad y áreas escolares.
Empresarios y prestadores de servicios, que prefieren el anonimato por temor a represalias, advierten que el "terror en las calles" genera una cancelación inmediata de reservaciones y ahuyenta la inversión. Mientras la publicidad oficial invita a visitar las playas guerrerenses, la realidad que viven los habitantes es la de un puerto blindado por el Ejército y la Guardia Nacional, pero donde las ráfagas de fuego se escuchan más que el oleaje.
La mancha de sangre llega a Iguala
La jornada de terror no se limitó a la costa. En Iguala, un hombre identificado como José Luis, de 36 años, fue ejecutado en su propio domicilio en la colonia Universidad. Los agresores, con total impunidad, lo llamaron por su nombre y le dispararon en la cabeza frente a su familia. A pesar de los esfuerzos médicos, José Luis falleció horas después en el Hospital General.
Estado que no responde
Pese al despliegue de fuerzas federales, la jornada cerró sin personas detenidas. El contraste es doloroso: mientras las familias en Zihuatanejo e Iguala entierran a sus muertos, el gobierno estatal se limita a acordonar escenas del crimen. La impunidad sigue siendo la marca de la casa en un Guerrero donde el terror ya no se esconde.