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México.- La presión del gobierno de Donald Trump para frenar el tráfico de fentanilo incluyó una propuesta que reaviva los fantasmas de la intervención extranjera en México: permitir que tropas estadounidenses y agentes de la CIA participen en operativos contra presuntos laboratorios de droga en territorio nacional, según revelaron funcionarios de Washington al The New York Times.
Aunque la iniciativa contemplaba que las redadas fueran encabezadas formalmente por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), la participación de fuerzas estadounidenses en primera línea operativa evidenciaría una intención intervencionista que rebasa los márgenes de la cooperación bilateral y coloca a México en una posición de subordinación en materia de seguridad.
El gobierno de Claudia Sheinbaum rechazó la propuesta al considerar que abriría la puerta a una presencia militar extranjera permanente y sentaría un precedente peligroso: que Estados Unidos actúe dentro del país bajo el argumento del combate al narcotráfico, un esquema que históricamente ha servido para justificar injerencias en América Latina.
De acuerdo con el rotativo neoyorquino, Washington ofrecía inteligencia, asesoría táctica y acompañamiento directo en los operativos, una fórmula que, en los hechos, implicaría que fuerzas estadounidenses influyeran en decisiones estratégicas sobre el uso de la fuerza en suelo mexicano.
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, subrayó que actualmente operan en México menos de 100 agentes estadounidenses, todos desarmados y con autorización bilateral, pero con la prohibición expresa de participar en operativos terrestres contra el narcotráfico, precisamente para evitar escenarios de intervención directa.
Funcionarios estadounidenses reconocieron al Times que una presión excesiva de Trump podría dinamitar décadas de cooperación en materia de seguridad e inteligencia. Sin embargo, la revelación confirma que, para sectores del gobierno estadounidense, la crisis del fentanilo es utilizada como argumento para ensanchar su presencia militar y de inteligencia más allá de sus fronteras.
El episodio deja al descubierto una disputa de fondo: mientras México defiende su soberanía y control sobre sus fuerzas armadas, Estados Unidos explora mecanismos para operar dentro del país, incluso a costa de erosionar la relación bilateral y reactivar una lógica de intervención que México ha rechazado históricamente.