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Washington.— Donald Trump sufrió uno de los mayores reveses políticos de su segundo mandato. El Partido Demócrata recuperó el control del Senado y de la Cámara de Representantes en las elecciones intermedias del martes, una derrota que modifica el equilibrio de poder en Washington y limita la capacidad del presidente para impulsar su agenda durante los dos últimos años de gobierno.
La victoria demócrata alcanzó estados tradicionalmente republicanos y territorios que respaldaron a Trump en las elecciones presidenciales de 2024. De acuerdo con los resultados proyectados por medios estadounidenses y la agencia Associated Press (AP), los demócratas ganaron al menos siete escaños senatoriales y arrebataron más de dos decenas de distritos en la Cámara de Representantes.
El resultado representa un voto de castigo contra la administración republicana. El descontento por el encarecimiento de la vida, la inflación, los precios de los combustibles y la guerra de Estados Unidos contra Irán figuraron entre los principales factores que marcaron la jornada electoral.
La nueva mayoría legislativa no entrará en funciones de inmediato: el Congreso elegido asumirá el próximo 3 de enero. A partir de entonces, Trump tendrá enfrente a una oposición con capacidad para bloquear proyectos, rechazar nombramientos y abrir investigaciones sobre las decisiones de su gobierno.
Kansas y Texas rompen décadas de dominio republicano
Una de las señales más contundentes del cambio electoral llegó desde Kansas. El demócrata Adam Hamilton derrotó al republicano Roger Marshall y consiguió un escaño que su partido no ganaba desde 1932, hace casi un siglo.
La victoria fue especialmente significativa porque Kansas ha sido uno de los estados más identificados con el conservadurismo estadounidense. El resultado evidenció que el respaldo republicano en territorios tradicionalmente fieles a Trump no fue suficiente para contener el avance demócrata.
Pero el golpe de mayor impacto político y simbólico ocurrió en Texas. James Talarico derrotó al republicano Ken Paxton en la contienda por el Senado, con lo que los demócratas recuperaron un escaño que no ganaban desde 1988. El triunfo rompió una racha de casi cuatro décadas en uno de los principales bastiones republicanos del país.
La derrota republicana en Texas fue todavía más amplia: Gina Hinojosa venció al gobernador Greg Abbott y se convirtió en la primera latina en ganar la gubernatura de ese estado. Abbott, quien buscaba un nuevo periodo, reconoció su derrota y la felicitó públicamente.
Otros resultados también contribuyeron a la pérdida de control republicano en el Senado. En Maine, Troy Jackson derrotó a la senadora Susan Collins, quien buscaba un sexto mandato después de casi 30 años en la Cámara alta. En Iowa, Josh Turek ganó el escaño que dejará la republicana Joni Ernst; en Ohio, Sherrod Brown recuperó el puesto que había perdido dos años antes, al vencer a Jon Husted.
En Carolina del Norte, el demócrata Roy Cooper derrotó al republicano Michael Whatley. También hubo triunfos demócratas en Carolina del Sur y otras contiendas que permitieron al partido recuperar el control de la Cámara alta.
La ola electoral alcanzó igualmente las gubernaturas. Además de Hinojosa en Texas, los demócratas consiguieron victorias en Georgia, Ohio e Iowa, donde Keisha Lance Bottoms, Amy Acton y Rob Sand, respectivamente, se impusieron a sus adversarios republicanos.
Trump intenta deslindarse de la derrota; demócratas preparan contrapeso
El presidente estadounidense felicitó a los demócratas por sus victorias y reconoció que hicieron un buen trabajo durante la campaña. Sin embargo, rechazó que el resultado represente un rechazo personal a su gobierno y atribuyó parte de las derrotas a los propios candidatos republicanos.
Trump también insistió en que su nombre no aparecía en las boletas y sostuvo que, de haber sido candidato, los republicanos habrían ganado por amplio margen. En declaraciones a medios estadounidenses, reconoció que los precios de la gasolina perjudicaron a su partido y que la población no estaba conforme con el costo de los combustibles.
La guerra contra Irán también se convirtió en un asunto electoral. El conflicto y sus consecuencias económicas alimentaron el descontento de sectores del electorado. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, interpretó los resultados como un rechazo de los estadounidenses a la guerra, aunque esa lectura corresponde a la postura política de Teherán y no constituye por sí misma una explicación concluyente del voto.
El expresidente Barack Obama celebró la victoria demócrata y afirmó que los resultados enviaron un mensaje claro a favor de una política que una a la población y ofrezca soluciones a sus problemas. Obama participó en actos de campaña en estados clave durante las semanas previas a la elección.
La derrota también alcanzó al empresario Elon Musk, quien destinó importantes recursos económicos para respaldar a candidatos republicanos, entre ellos Ken Paxton en Texas. Tras conocerse los resultados, publicó en la red social X un comentario irónico sobre sus supuestos “láseres espaciales” para interferir en las elecciones.
Con el control de ambas cámaras, los demócratas tendrán herramientas para revisar decisiones de la administración Trump, citar a funcionarios, impulsar audiencias e investigar asuntos relacionados con el Ejecutivo. También podrán frenar iniciativas legislativas y bloquear nombramientos federales, incluidos los que eventualmente correspondan a la Suprema Corte.
El cambio no significa que Trump pierda la Presidencia ni que los demócratas puedan imponer por sí solos toda su agenda. El mandatario conserva facultades ejecutivas y el poder de veto, por lo que se anticipa un periodo de confrontación y negociación entre la Casa Blanca y el Congreso.
La elección deja, sin embargo, un mensaje político difícil de ignorar: el partido que llevó a Trump de regreso a la Casa Blanca perdió el control legislativo en una jornada en la que los demócratas avanzaron incluso en estados que parecían fuera de su alcance. El presidente enfrentará ahora un Congreso opositor y una etapa de su mandato en la que sus decisiones estarán sujetas a un escrutinio mucho mayor.