ir al contenido

Toscana regresa con ‘El ejército ciego’, brutal fábula medieval sobre 15,000 soldados mutilados

David Toscana utiliza una brutal venganza del Imperio bizantino para explorar cómo la literatura rescata las historias de los que la historia oficial decide olvidar.

El ejército ciego no es un libro que aplaste al lector bajo el peso del drama.
El ejército ciego no es un libro que aplaste al lector bajo el peso del drama.

Tabla de contenido

Ciudad de México.- La historia oficial siempre la escriben los ganadores, los generales y los emperadores. Nos fascinan los datos de las grandes batallas, pero rara vez nos preguntamos qué pasó con los sobrevivientes al día siguiente. El escritor mexicano David Toscana decidió meterse justamente en ese agujero negro con su nueva novela, El ejército ciego.

  • El secuestro del ojo: El ganador del Premio Alfaguara 2026 advierte que la sociedad actual padece una ceguera voluntaria: estamos llenos de pantallas, pero vacíos de entendimiento.
  • La dignidad como escudo: Frente a la crueldad de los tiranos de ayer y hoy, la novela propone un triunfo del espíritu: "Me sacaste los ojos, pero no me derrotaste".

Inspirado en un perturbador hecho real del año 1014 —cuando el emperador Basilio II ordenó cegar a 15,000 soldados búlgaros derrotados—, Toscana no busca regodearse en el morbo de la violencia. Lo que le interesa es la llegada a casa. ¿Cómo vuelve a hacer pan un panadero ciego? ¿Cómo vuelve a escribir un escriba que ya no ve? A través de personajes arquetípicos, la obra se convierte en una odisea íntima sobre la reinvención humana y el peso de la memoria.

Vivimos en la era de la ceguera ilustrada

Aunque la novela viaja más de mil años al pasado, su verdadero blanco es el presente. Para Toscana, la ceguera no es solo la falta de luz en la retina, sino algo mucho más profundo que experimentamos hoy en día. Vivimos bombardeados por estímulos visuales, imágenes efímeras y pantallas que buscan seducir al ojo a cada segundo, pero que terminan por anestesiar el entendimiento.

El autor lanza una advertencia incómoda: al abandonar la palabra escrita y la lectura, estamos renunciando a nuestra capacidad de discernir y a nuestra propia individualidad. Creemos que vemos todo porque está a un clic de distancia, pero en realidad, estamos perdiendo la vista interior.

La terquedad de la belleza frente al poder

A pesar de la oscuridad de la premisa, El ejército ciego no es un libro que aplaste al lector bajo el peso del drama. El autor de Estación Tula buscó deliberadamente un tono que celebrara la resistencia del espíritu. Es una bofetada con guante blanco a los opresores —a los de antes y a los que hoy en día siguen queriendo destruir civilizaciones enteras—.

Al final, este enfoque nos recuerda que la literatura no está aquí para repetir los libros de texto, sino para devolverle el significado y la fuerza poética a los derrotados. Una lectura indispensable para aprender a mirar el mundo con los ojos del entendimiento, y no solo con los de la cara.

Más reciente