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T-MEC: La "jaula de oro" de Sheinbaum frente al vendaval proteccionista

Entre la dependencia ineludible con EU y el coqueteo con Asia y Europa, el Gobierno de México apuesta a que el pragmatismo corporativo salvará al tratado de las tormentas políticas en Davos y Washington.

Sheinbaum y su gabinete de guerra económica.

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Ciudad de México.- Para la presidenta Claudia Sheinbaum, el T-MEC no es solo un acuerdo, es un destino.

Frente al pesimismo que emana de los foros globales como Davos, donde se advierte el ascenso de un nacionalismo económico voraz, la mandataria mexicana sostiene una tesis de hierro: la integración de América del Norte es ya tan profunda que intentar romperla sería un acto de autosabotaje para las tres naciones.

Sin embargo, detrás de la confianza pública en que el tratado "se conservará", el Gobierno de México ha comenzado un despliegue de diplomacia de contención. Sheinbaum no ignora los ajustes que vendrán en la revisión de 2026, y por ello, su administración opera bajo una dualidad: el blindaje del bloque norteamericano y una diversificación comercial que parece más una urgencia que una opción.

El gabinete de guerra económica

La Presidenta reveló que la estabilidad del país no se deja al azar. Semanalmente, un "gabinete de crisis" —disfrazado de gabinete económico— integrado por Hacienda y Economía, disecciona escenarios que van desde la imposición de aranceles hasta las fluctuaciones por tensiones geopolíticas.

"La mayor defensa de México es su pueblo", afirmó Sheinbaum, en una frase que intenta inyectar soberanía a una discusión técnica y de mercados, pero la realidad es que la defensa inmediata recae en los hilos de las cadenas productivas que han atado a la industria mexicana con la estadounidense durante décadas.

Diversificación: ¿Plan B o espejismo?

Ante la advertencia del canadiense Mark Carney sobre el poder de las potencias, México ha sacudido su agenda internacional. La estrategia de Sheinbaum busca que el país no quede atrapado en el fuego cruzado entre Washington y Pekín:

  • El giro europeo: Se espera que este año se ratifique finalmente el acuerdo modernizado con la Unión Europea.
  • El factor China: Sheinbaum camina sobre una cuerda floja; busca un "comercio justo" con el gigante asiático sin incomodar a los socios del norte que ven en China una amenaza a la seguridad regional.
  • La avanzada canadiense: En febrero, una delegación masiva de empresarios de Canadá aterrizará en México, un movimiento que la Presidenta interpreta como un voto de confianza, pero que también podría leerse como un intento de Ottawa por asegurar sus propias fichas antes de que la revisión del T-MEC se torne más agresiva.

Los aliados inesperados

Quizás el punto más pragmático de la narrativa presidencial es su confianza en el cabildeo corporativo. Sheinbaum sabe que su mejor defensa en la mesa de revisión no serán solo sus diplomáticos, sino las propias empresas estadounidenses con capital en México. Ellas son, en última instancia, las primeras interesadas en que el flujo de mercancías no se detenga, convirtiéndose en un escudo indirecto frente a las retóricas electorales o proteccionistas de Washington.

México apuesta así a la inercia: una integración tan costosa de deshacer, que incluso sus críticos más feroces terminen por aceptarla.

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