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¿Sirve de verdad la terapia de luz roja o te están vendiendo humo?

El auge comercial va más rápido que la investigación, que todavía intenta definir cómo, cuánto y en quién funciona

La luz roja actúa sobre las mitocondrias y podría aumentar la energía celular

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Ciudad de México.- El uso de dispositivos de luz roja —como cascos, mascarillas y lámparas— se ha disparado en los últimos años, impulsado por promesas de beneficios que van desde mejorar la piel hasta tratar enfermedades neurológicas. Sin embargo, la evidencia científica aún es parcial y, en muchos casos, inconclusa, según un reportaje reciente de la revista Nature.

De acuerdo con la publicación, aunque existen estudios clínicos que muestran efectos positivos en padecimientos específicos —como neuropatía periférica, degeneración retinal o lesiones cutáneas—, no todos los dispositivos disponibles en el mercado han sido probados de forma independiente. Esto deja un margen amplio de incertidumbre sobre su efectividad real en el uso doméstico.

La llamada fotobiomodulación consiste en aplicar luz roja o infrarroja cercana sobre el cuerpo para influir en procesos celulares. Investigadores han identificado que este tipo de luz puede penetrar tejidos y actuar sobre las mitocondrias, estructuras responsables de producir energía en las células. En teoría, esto aumentaría la producción de ATP, lo que podría mejorar funciones como la regeneración celular, la circulación o la respuesta inflamatoria.

A pesar de estos hallazgos, expertos advierten que el entusiasmo ha superado a la evidencia. Nature señala que muchas de las afirmaciones difundidas en redes sociales o por empresas no están respaldadas por estudios sólidos. Además, aún no hay consenso sobre variables clave como la dosis, la intensidad, la duración del tratamiento o los tipos de pacientes que podrían beneficiarse más.

El interés científico no es nuevo. Desde hace décadas se estudia el impacto de la luz en la salud humana, pero en los últimos años la investigación ha crecido, especialmente en áreas como la neurología, la dermatología y la medicina deportiva. Incluso algunos dispositivos han recibido aprobación regulatoria para usos muy específicos, como ciertas enfermedades oculares.

Sin embargo, los resultados siguen siendo variables. Algunos estudios reportan mejoras en recuperación muscular, dolor crónico o síntomas de depresión, pero otros científicos piden ensayos más amplios y controlados antes de considerar la terapia como una opción generalizada.

Otro punto relevante es que los efectos parecen depender del estado de las células: la luz tendría mayor impacto en tejidos dañados o bajo estrés metabólico, lo que podría explicar por qué no todas las personas obtienen los mismos resultados.

En síntesis, la terapia con luz roja no es un fraude, pero tampoco es una solución comprobada para todo. La evidencia científica avanza, pero aún está lejos de justificar muchas de las promesas comerciales actuales.

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