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México.- En política, cuando el presente incomoda, el pasado se convierte en el mejor aliado. Ante los recientes cuestionamientos por la adquisición de camionetas de lujo para los nuevos integrantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), la presidenta Claudia Sheinbaum ha ejecutado una maniobra de comunicación clásica: la sustitución de narrativa.
En lugar de profundizar en el proceso de compra actual, la mandataria optó por abrir el "baúl de los excesos" de la vieja guardia judicial, exponiendo una lista de beneficios que rozan lo surrealista y que buscan, por contraste, validar cualquier gasto presente bajo el sello de la "Cuarta Transformación".
¿Austeridad o Mitigación?
La estrategia es clara: presentar una comparativa donde el ahorro nominal parece justificar cualquier otra inversión. Según los datos exhibidos en "La Mañanera":
- Sueldos: Se destacó una reducción del 35%, pasando de $206,947 a $134,310 mensuales.
- Prestaciones eliminadas: La eliminación total de seguros de gastos médicos mayores ($36,906 mensuales) y el polémico "pago por riesgo" que ascendía a más de $639,000 pesos anuales.
Al poner estas cifras sobre la mesa, la narrativa oficial busca que el ciudadano perciba que, aunque se compren vehículos de gama alta, el "ahorro estructural" sigue siendo positivo. Es la aritmética de la conveniencia política.
Del Ticketmaster al olvido
Lo más punzante de la exposición presidencial no fueron los sueldos, sino los detalles mundanos que indignan a la base social. Mencionar que el presupuesto público cubría el traslado de objetos olvidados o preventas exclusivas de Ticketmaster no es un dato administrativo; es un dardo emocional.
Esta táctica busca deslegitimar cualquier crítica actual proveniente del Poder Judicial o de la opinión pública, etiquetándola de hipócrita. Si antes se pagaba por "olvidos", ¿quién tiene derecho a cuestionar una camioneta de seguridad hoy?
La Toga como distracción
La presidenta fue incisiva al señalar que se ha criticado el gasto en togas, mientras se guardaba silencio ante los aguinaldos de medio millón de pesos del pasado. Con esto, Sheinbaum logra dos cosas:
- Minimizar el gasto actual (togas y camionetas) al compararlo con montos mucho mayores de administraciones previas.
- Agrupar a los críticos con los "beneficiarios del viejo régimen", anulando la validez de su supervisión ciudadana.
La exposición de los lujos de la "vieja Corte" no es un ejercicio de transparencia desinteresado, sino una herramienta de control de daños. Mientras la narrativa se mantenga en el pasado de los excesos, el presente de las camionetas de lujo queda en un segundo plano, protegido por el paraguas de una austeridad que, aunque selectiva, resulta sumamente efectiva en el discurso público.