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Ciudad de México.- Cada 14 de febrero, la rosa se consolida como el símbolo más visible del amor y la pasión. Su presencia en la cultura popular —desde Romeo y Julieta hasta La Bella y la Bestia y el programa The Bachelor— ha reforzado su asociación con el romance. Para esta fecha se producen más de 250 millones de rosas, y las florerías registran su mayor volumen de ventas del año.
Además de su peso simbólico, la rosa tiene reconocimiento oficial: es la flor nacional de Estados Unidos, designación atribuida al expresidente Ronald Reagan. Sin embargo, su historia es más antigua y menos glamorosa de lo que sugiere su imagen actual.

De amarilla a roja: cómo la rosa se volvió símbolo del amor
Las rosas surgieron hace unos 35 millones de años, en una etapa temprana de la evolución de mamíferos como caballos y cánidos. Un análisis de 2025 sobre ejemplares recolectados en China indica que los ancestros de las rosas modernas probablemente eran amarillos, no rojos, con pétalos planos y apenas cinco unidades. Así lo explica el especialista Peter Kukielski, autor del libro Rosa: The Story of the Rose.
El predominio del color rojo es un desarrollo posterior. Con el paso del tiempo, las rosas fueron cultivadas y seleccionadas por sus cualidades estéticas y simbólicas. La preferencia humana por tonalidades más intensas y visibles favoreció la expansión de variedades rojas, que terminaron desplazando en popularidad a las flores amarillas originales.
Su prestigio histórico también se relaciona con propiedades medicinales: los escaramujos contienen vitamina C, lo que elevó su valor entre gobernantes. Un ejemplo citado es Cleopatra, quien, según la tradición, impregnó con perfume de rosas las velas de su embarcación al visitar al general romano Marco Antonio.
