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Reafirmación del poder: Sheinbaum encabezará hoy la 'Marcha de la Lealtad' en tiempos de redefinición civil-militar

A 113 años de la Marcha de la Lealtad, la presidenta Claudia Sheinbaum encabeza la conmemoración en un contexto marcado por el peso creciente de las Fuerzas Armadas en la vida pública y el discurso oficial de continuidad histórica.

La Marcha de la Lealtad, el episodio ocurrido en 1913.

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Ciudad de México.- Cada 9 de febrero, el Estado mexicano conmemora la Marcha de la Lealtad, el episodio ocurrido en 1913 cuando los cadetes del Heroico Colegio Militar escoltaron al presidente Francisco I. Madero en el inicio de la Decena Trágica. Este 2026, la ceremonia adquiere una carga política adicional: será encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum en un momento en que la relación entre poder civil y Fuerzas Armadas vuelve a ocupar un lugar central en el debate nacional.

Desde el Castillo de Chapultepec, sede simbólica del acto, el Gobierno federal rendirá homenaje a los jóvenes militares que acompañaron a Madero en su traslado al Palacio Nacional, luego del levantamiento armado encabezado por los generales Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz. Aquel recorrido, convertido con el tiempo en símbolo de lealtad institucional, ocurrió en un contexto de fractura interna del Ejército y de conspiraciones que terminarían por derrumbar al gobierno constitucional.

La Marcha de la Lealtad tuvo lugar el 9 de febrero de 1913, cuando Madero decidió enfrentar la rebelión trasladándose al centro del poder político. Aunque el acompañamiento de los cadetes representó un gesto de respaldo al orden constitucional, el episodio no impidió el desenlace trágico: diez días después, el presidente y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron asesinados tras la traición de Victoriano Huerta.

La conmemoración oficial ha privilegiado, desde entonces, la narrativa del honor militar y la fidelidad a las instituciones, aun cuando la propia Decena Trágica evidenció la fragilidad del Estado y la profundidad de las tensiones entre facciones del poder armado.

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Más de un siglo después, el acto vuelve a cobrar relevancia política. En el actual contexto, marcado por la ampliación de las funciones de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública, infraestructura y administración civil, la evocación de la lealtad institucional funciona también como mensaje político: reafirmar la subordinación militar al poder civil y la continuidad histórica del proyecto de gobierno.

La presencia de Claudia Sheinbaum en la ceremonia se inscribe en la línea discursiva de la llamada Cuarta Transformación, que ha buscado apropiarse de símbolos históricos para legitimar su proyecto político y vincularlo con episodios fundacionales de la democracia mexicana.

Así, la Marcha de la Lealtad no sólo recuerda un pasaje del pasado revolucionario, sino que se resignifica en el presente como un acto de reafirmación del poder presidencial y de la relación entre el Estado y el Ejército, en un país donde la memoria histórica sigue siendo terreno de disputa política.

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