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Olores y sabores de la cocina mexicana impregnan FIL Buenos Aires

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Hemeroteca Bajo Palabra - Nota de 2015: Olores y sabores de la cocina mexicana impregnan FIL Buenos Aires

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Los olores y sabores de la cocina mexicana invadieron hoy la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires con una mesa en la que abundó el orgullo por la riqueza de una gastronomía reconocida como patrimonio cultural de la humanidad.

Los escritores mexicanos Benito Taibo y Natalia Toledo, y la chef argentina Silvia Ibarra, lograron antojar de tortas, tostadas, tacos, pozole, tamales, tlayudas, pambazos y quesadillas al público que colmó el stand de la Ciudad de México, invitada de honor del magno encuentro.

“Hacer un mapa gastronómico de México es imposible, es un cruce de caminos con una vibrante emoción de comida”, advirtió Taibo al explicar que es un país en el que, a diferencia de otros, se puede comer en cualquier esquina, a cualquier hora.

“En México puedes encontrar cosas de comer durante las 24 horas del día, nuestra comida ya es patrimonio cultural de la humanidad, pero además, estamos entre las cuatro gastronomías más importantes del mundo”, presumió.

Taibo agregó que “somos un pueblo hecho de maíz, ese es nuestro destino, por eso estamos en permanente lucha contra los cultivos transgénicos que están matando una de las tradiciones más importantes de nuestro país”.

El escritor precisó que en la Ciudad de México hay una mezcla de las variadas cocinas del resto de los estados, pero aun así cuenta con platillos propios como la famosa “guajolota”, que es una torta de tamal, y el picante caldo tlalpeño, que sólo se comen en el Distrito Federal.

“Todos los días, en alguna esquina de la Ciudad de México, una mujer enciende el fuego de un comal y sucede el milagro, la alquimia, la mezcla de sabores. Los mexicanos somos comida, tenemos una bellísima tradición prehispánica y nuestras cocineras tradicionales son mucho mejores que cualquier chef que salga en la televisión”, afirmó.

Toledo, poeta oaxaqueña, presumió que nació en un estado con una de las tradiciones culinarias más importantes de México, pues en Juchitán “los indígenas aprendemos a cocinar viendo, no tomando clases”.

Ese caudal de conocimiento, contó, le permitió vivir durante algún tiempo en la Ciudad de México preparando y cobrando por cenas tradicionales que organizaba en su casa y en las que había mole de camarón, tlayudas y tamales de mole negro.

“Cuando me preguntan qué lengua hablo, yo contesto: hablo mole. Si me preguntan qué es la belleza, en mis ojos se erige la poderosa imagen de las mujeres de mi tierra… para mí y mis paisanas, la belleza no es la de esos cuerpos castigados con las dietas”, afirmó.

La autora recordó que su abuela “pelaba camarones cosidos con agua de maíz, tostaba semillas de calabaza, molía todo en su metate y me mandaba a comprar epazotes y huevos con la vecina, en el camino pasaba junto a una cooperativa de pescadores que, bajo un olivo negro, repartían en partes iguales la pesca del día”.

Ibarra, por su parte, rememoró los años que vivió en México, cuando se enamoró de “los perfumes, los gritos y el regateo” de mercados como el de La Merced, que ocupa todo un barrio; el de Jamaica, que vende las mejores flores de la ciudad, o los tradicionales de Tlalpan, San Ángel, San Juan y Coyoacán.

“Lo importante es que en México se preservan los mercados populares a pesar de la invasión de las grandes cadenas de supermercados, cosa que en Buenos Aires se ha ido perdiendo”, dijo.

En ese sentido, Benito Taibo agregó que “un mercado mexicano es símbolo de resistencia cultural, porque priva lo tradicional, lo que trae la gente de sus comunidades”, pero después reveló que la poeta Toledo había llevado tortillas mexicanas y la instó a repartirlas en trocitos al público que se acercó ansioso a la mesa.(Notimex)

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