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Ciudad de México.— Tres científicos recibieron este lunes el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 por desarrollar una herramienta que cambió la manera de estudiar el cerebro: la optogenética, una técnica que permite activar o desactivar determinadas neuronas utilizando pulsos de luz.
Los premiados son Karl Deisseroth, de la Universidad de Stanford, y los investigadores alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel. El comité del Nobel reconoció sus descubrimientos sobre los llamados canales iónicos sensibles a la luz y el desarrollo de la optogenética.
La historia comenzó con algo que parece muy alejado de la medicina: un organismo microscópico. Hegemann y Nagel estudiaron una proteína presente en el alga Chlamydomonas reinhardtii. Esta proteína, conocida como canalrodopsina, responde a la luz azul y permite el movimiento de partículas cargadas hacia el interior de la célula.
Los científicos descubrieron que esa propiedad podía convertirse en una herramienta. Al introducir el gen que produce la proteína en determinadas neuronas, los investigadores consiguieron hacer que esas células respondieran a la luz. Así nació una especie de interruptor biológico que permite controlar grupos específicos de neuronas.
La gran ventaja: saber qué neurona provoca qué
Durante décadas, uno de los grandes problemas de la neurociencia fue distinguir qué células del cerebro provocan determinados comportamientos. El cerebro contiene miles de millones de neuronas conectadas entre sí, por lo que observar que una zona se activa no necesariamente demuestra que esa actividad sea la causa de una conducta.
La optogenética cambió ese problema. Los investigadores pueden seleccionar determinadas células y activarlas o inhibirlas con una precisión de milisegundos mientras un animal realiza una conducta. De esta manera pueden preguntar, por ejemplo, qué circuitos intervienen en el movimiento, el miedo, la memoria o determinadas enfermedades.
El impacto ya alcanza investigaciones sobre depresión, esquizofrenia, Parkinson y Alzheimer, entre otras enfermedades. También existen investigaciones que buscan utilizar herramientas optogenéticas para recuperar parcialmente la visión en personas con determinadas enfermedades de la retina.
Pero conviene poner límites al entusiasmo. El Nobel no significa que la medicina ya pueda controlar el cerebro humano con luz ni que exista un tratamiento listo para curar estas enfermedades. Su importancia está, sobre todo, en haber proporcionado a los científicos una herramienta mucho más precisa para entender cómo funciona el cerebro y, a partir de ese conocimiento, buscar tratamientos.
El premio será compartido en partes iguales por los tres científicos y asciende a 12 millones de coronas suecas, alrededor de 1.2 millones de dólares.