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Ciudad de México.- Con una postura de desafío tras el revés en la Cámara de Diputados, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que el rechazo a su reforma electoral no detendrá la reconfiguración del gasto público.
"No es una derrota", sentenció la mandataria al anunciar que este lunes 16 de marzo enviará una nueva iniciativa diseñada para limpiar los presupuestos de los congresos estatales y reducir el número de regidores en todo el país.
El nuevo enfoque de Sheinbaum traslada la batalla de la austeridad al terreno local, donde planea imponer límites estrictos a las carteras políticas estatales y municipales que, según denunció, presentan desigualdades injustificables.
Tijeretazo a la burocracia local
La Presidenta subrayó que su administración no está dispuesta a claudicar en la reducción del costo de la democracia. El Plan B se centrará en desmantelar lo que calificó como "privilegios" en las legislaturas locales y en las oficinas de los ayuntamientos:
- Regidurías bajo la lupa: Se busca establecer un tope máximo de cargos en los municipios, eliminando puestos innecesarios que hoy consumen gran parte de las finanzas públicas.
- Presupuestos estatales: Sheinbaum cuestionó por qué estados con dimensiones similares tienen gastos legislativos tan disparatados, adelantando que el nuevo plan fijará estándares de austeridad para los 32 estados.
De la política al bacheo
El núcleo de la propuesta de Sheinbaum busca conectar directamente con la demanda ciudadana. La mandataria fue enfática al señalar que los recursos que se le quiten a la estructura política "se quedarán en el propio municipio para obras como drenaje, agua potable o bacheo".
Además de los recortes, el Plan B pretende empoderar a la ciudadanía mediante consultas populares para decidir temas de alto impacto, como el financiamiento a los partidos, y flexibilizar el proceso de revocación de mandato para realizarlo tanto en el tercer como en el cuarto año de gobierno.
Con este anuncio, Sheinbaum deja claro que el bloqueo legislativo del bloque opositor y de sus propios aliados no frenará su agenda de austeridad, sino que la obligará a buscar rutas alternativas para forzar la reducción del gasto político desde la base estatal.