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Ni la magia le dejaron a Acapulco, dicen turistas "finsemaneros"

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El puerto de Acapulco se ha convertido en un destino turístico de fin de semana y de excursionistas que como cada viernes, sábado y domingo no fallan en visitar los distintas playas del puerto.

Desde el viernes por la noche, se puede notar el arribo de los autobuses de excursionistas que, provenientes de la Ciudad de México en su mayoría, vienen a descansar y sacar un poco de estrés hospedándose algunos en casa de campaña y en hoteles de bajo costo.

Foto: Javier Verdín.
Descargas de aguas podridas en la playa. Foto: Javier Verdín.

Por calles y avenidas del puerto, se ven largas filas de autobuses estacionados en cada uno de los costados y sobre la banqueta, los grupos de familias, unos en chores y otros con trajes de baño y con salvavidas en mano se dirigen a las playas de Papagayo y Hornitos.

Las tiendas de auto servicio como los Extras y Oxxo son bendecidos porese segmento de turistas que si bien no se hospedan en hoteles de cinco estrellas, sí gastan un poco de dinero en la compra de productos en esas tiendas donde compran chucherías y productos chatarra, algunos más compran alimento a los vendedores en las playas.

Echándose aire con pedazo de cartón, Mario López Luna, mesero de un restaurante de la Costera, dijo que ahora la visita del turismo internacional, ese que pide a la carta y vinos de buena calidad, ya no hay, por lo que se tiene conformar con vender órdenes de tacos al pastor porque no hay para más.

Y mientras López Luna se baja el calor, a escasos metros de ahí, una patrulla de agentes de Tránsito, de esos que la gente llama mordelones, detienen a una familia que viaja en una camioneta con camper y les piden hasta el acta de defunción o de lo contrario esperan la famosa mordida del día.

El par de uniformados, no se percata que son vistos desde la azotea de un hotel, de cómo intimidan y prácticamente asaltan a los visitantes por cualquier motivo.  Y cuando cree que ya tiene el dinero de la mordida segura, se les aparece un político que viendo la mala acción de ellos, intercede por los turistas y obliga que los dejen ir a cambio de no darles un solo peso.

Foto: Javier Verdín.
Tránsitos de Acapulco en plena acción. Foto: Javier Verdín.

Con la vergüenza, los agentes no les queda más remedio que dejar ir a los visitantes, subirse a la patrulla y hacer como si nada hubiese pasado.  Cerca de la zona de atraco, se bajan de un camión un grupo de mujeres con un cartón en la cabeza, traen quesadillas  para vender a los bañistas en playa Papagayo.

La familia Guzmán Cisneros, originarios del estado de México, expresan descontento porque afirman que la magia de Acapulco se ha perdido. Que las famosas palapas que servían de sombra para los turistas fueron cambiadas por toldos descoloridos, remendados y de mal aspecto que con un poco viento son arrancados de la arena.

Otros visitantes, como Merlo Montero Mancilla y Lorena García Pimentel, de Hidalgo, insisten que Acapulco sigue lleno de basura y de playas pestilentes. Que es una pena que después del bello azul del mar de la bahía, sobre la franja de playa se observen acumulamientos de aguas negras y desechos de basura que además de la mala imagen despiden olores fétidos. Así es el Acapulco que aún queda.

Foto: Javier Verdín.
Las playas, de lo poco bueno que aún le queda a Acapulco. Foto: Javier Verdín.

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