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Nadie lo oyó, nadie lo vio: el dron ultrasecreto que selló la caída de Maduro

Antes de que las fuerzas especiales tocaran tierra, una sombra silenciosa ya había mapeado la vida del objetivo minuto a minuto.

El RQ-170 Sentinel, uno de los drones más secretos de EU.

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En plena madrugada, cuando el Caribe parecía en calma, un observador local captó algo fuera de lo común cerca de la antigua base naval de Roosevelt Roads, en Puerto Rico. La figura cruzó el cielo sin ruido, con una forma extraña, casi orgánica, parecida a un bumerán o a una manta raya. Para los entendidos no hubo duda: se trataba del RQ-170 Sentinel, uno de los drones más secretos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

La imagen, aparentemente anecdótica, terminó siendo una pieza clave del rompecabezas. Confirmó lo que horas después comenzó a circular en círculos de inteligencia: al menos uno de estos drones participó en la operación especial que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa. Desde las alturas, el Sentinel fue los “ojos invisibles” que guiaron cada movimiento de las fuerzas especiales en tierra.

El arma que no dispara

El RQ-170 no lleva misiles ni bombas. Su letalidad es otra: ver sin ser visto. Diseñado por la mítica división Skunk Works de Lockheed Martin, el mismo laboratorio que dio vida al SR-71 Blackbird y al U-2, el dron fue creado para penetrar espacios aéreos hostiles y permanecer allí durante horas, incluso días, recolectando información crítica.

Su misión principal es construir lo que los militares llaman patrones de vida: una radiografía total del objetivo. Rutinas, horarios, visitantes, movimientos mínimos. Nada escapa a su vigilancia. Cuando finalmente se da la orden de actuar, la operación ya fue ensayada cientos de veces sobre datos reales.

Invisible al radar, omnipresente en el campo

El secreto del Sentinel está en su diseño de ala volante y en los materiales que dispersan las señales de radar. No es invisible al ojo humano, pero sí para los sistemas de detección convencionales. Desde gran altitud, emplea radares de apertura sintética capaces de generar imágenes casi fotográficas, incluso a través de nubes, además de sensores que detectan cualquier movimiento en tierra.

Durante la operación contra Maduro, el RQ-170 funcionó como un centro de mando aéreo silencioso. Sus cámaras electro-ópticas e infrarrojas enviaron video en tiempo real, anticipando amenazas y coordinando decisiones al más alto nivel. La misión, como en su momento reconoció el propio presidente Donald Trump en operaciones similares, pudo seguirse minuto a minuto desde Washington.

Un viejo conocido en misiones históricas

El guion no es nuevo. El mismo dron vigiló Abbottabad en 2011, antes de la operación que acabó con Osama Bin Laden. También sobrevoló Irán, Corea del Norte y regiones sensibles de Europa del Este. Apodado en sus inicios La Bestia de Kandahar, el RQ-170 es una plataforma veterana, con más de dos décadas de servicio, pero sigue siendo insustituible.

Con una flota reducida —apenas entre 20 y 30 unidades— y operado desde la base aérea de Creech, en Nevada, el Sentinel continúa apareciendo solo cuando la misión lo amerita. La captura de Maduro volvió a demostrarlo: antes de que entren los soldados, siempre llega el dron.

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