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Ciudad de México.- El Mundial de la FIFA 2026 ya está aquí y, con él, el inevitable caos vial. Para intentar que las sedes no colapsen, la presidenta Claudia Sheinbaum publicó un decreto oficial que manda a miles de trabajadores federales y estudiantes a casa. Sin embargo, la estrategia gubernamental dejó un sabor amargo y una gran duda en una de las ciudades futboleras por excelencia.
Fechas clave para CDMX y Guadalajara
El decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF) busca limpiar las calles para los partidos del torneo. Las dependencias federales y las escuelas de la SEP tendrán que guardarse en los siguientes días clave:
- CDMX (Miércoles 17 de junio): La burocracia federal sale a las 15:00 horas para terminar el día en home office. En las escuelas, se suspende el turno vespertino. ¿La razón? El partido Uzbekistán vs. Colombia a las 20:00 horas.
- Guadalajara (Jueves 18 de junio): Todo el día será de teletrabajo absoluto y sin clases en toda la zona metropolitana por el debut del Tri contra Corea del Sur a las 19:00 horas.
- CDMX (Miércoles 24 de junio): Nadie va a la oficina federal ni a la escuela. Suspensión general y home office total por el esperado México vs. Chequia en el Estadio Azteca.
Cabe destacar que el decreto "invita" amablemente al sector privado a sumarse al teletrabajo en estas fechas, aunque sectores esenciales como salud, seguridad, aduanas y protección civil tendrán que operar de manera regular.
¿Por qué los regios se quedaron sin decreto?
Lo que ha encendido el debate en redes sociales es la notable exclusión de la Sultana del Norte. A pesar de que Monterrey tiene programado un partido de alta logística el mismo miércoles 24 de junio (Sudáfrica vs. Corea del Sur), el decreto presidencial no estableció una sola medida de movilidad o descanso para esta sede.
Mientras los capitalinos y tapatíos verán los partidos desde la comodidad de su sala (o al menos sin lidiar con el tráfico), los regios tendrán que sortear el caos vial habitual sumado al flujo mundialista para llegar a sus oficinas y escuelas, abriendo la incógnita de si el gobierno estatal tendrá que entrar al quite con sus propias reglas.