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Ciudad de México.– La revisión del T-MEC ha comenzado a calentarse antes de tiempo. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo lanzó un mensaje directo a la administración de Donald Trump: México no llegará a la mesa de negociaciones de rodillas. La prioridad absoluta será la eliminación de los aranceles al acero, el aluminio y el sector automotriz, sectores que hoy operan bajo la sombra de las tarifas impuestas por Washington pese a cumplir con la normativa vigente.
"Nuestra postura es que las tarifas comerciales no deberían existir cuando se cumplen las reglas de origen", sentenció la mandataria, marcando una línea roja en la relación bilateral.
El choque de las "Reglas de Origen" Aunque Sheinbaum admitió coincidencias en la necesidad de fortalecer las cadenas de suministro frente a la influencia asiática, el nudo gordiano reside en el porcentaje de componentes regionales. Mientras Marcelo Ebrard, secretario de Economía, mantiene comunicación permanente con los "halcones" comerciales de Trump, México busca garantizar que la integración económica no signifique una pérdida de soberanía industrial.
Maíz: El otro campo de batalla La tensión no se limita a las fábricas. El gobierno mexicano ha instalado mesas de crisis con productores agrícolas para contrarrestar los multimillonarios subsidios que EE. UU. inyecta a su maíz. La estrategia de Sheinbaum busca proteger desde el pequeño campesino del sur hasta los grandes productores del norte, intentando evitar que el grano estadounidense termine por asfixiar el campo mexicano en el marco de la disputa transfronteriza.