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Portugal.- Olvídate de los festivales de música veraniegos; hoy las masas rugen por un autógrafo en la portada de un libro. La ciudad de Oporto, en Portugal, se transformó por seis días en el epicentro de un fenómeno inédito: miles de personas acampando, calles tomadas y filas kilométricas que rodeaban el Coliseu do Porto. ¿El motivo? Ver a los titanes de las letras mundiales como si fueran auténticas deidades de la música.
La locura estalló con la llegada de Salman Rushdie, quien bajo un estricto e inevitable dispositivo de seguridad tras el atentado de hace cuatro años, abarrotó un recinto con más de 3,000 almas sedientas de su ironía y genialidad.
El ambiente de concierto masivo se respiró en cada esquina. Margaret Atwood interrumpió su charla para saludar desde el escenario a la marcha del Orgullo que pasaba por la calle, desatando una ovación ensordecedora, mientras que el británico Julian Barnes, ante un público que levantaba centenares de sus obras en el aire, soltó con elegancia su vena más 'rocker': "Tengo 45 años publicando... no voy a hacer una gira de despedida infinita como Elvis, se acabó". Para cerrar con broche de oro, el Nobel László Krasznahorkai se despidió del escenario poniéndose unas gafas de sol que le lanzó el público, consolidando esa estampa de leyenda de la música que el festival Babell contagió a toda la ciudad.
El boleto de entrada más original del mundo: Comprar un libro
Detrás de este monstruoso evento impulsado por la Fundação Livraria Lello —con un presupuesto que superó los tres millones de euros y espectáculos visuales de 600 drones sobre el río Duero que congregaron a 100,000 personas— existió una jugada maestra de mercadotecnia y fomento a la lectura.
Para conseguir una entrada a cualquiera de los eventos con los premios Nobel, los asistentes no tuvieron que pelear en plataformas de boletaje digital; el único requisito fue comprar un libro en alguna de las más de 80 librerías locales.
"Más del 70% de los jóvenes portugueses nunca han entrado en una librería, por eso creamos este sistema", reveló con orgullo Rui Couceiro, director artístico del festival.
La estrategia rompió récords y logró vender decenas de miles de ejemplares, logrando el verdadero objetivo de la jornada: que la literatura se sacudiera la solemnidad y se viviera con la misma pasión, desborde y euforia colectiva que un concierto en un estadio lleno.