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Por Miguel Bento de Espinosa Marqués
En la Libertonia del desquiciado Rufus T. Firefly —interpretado por Julius Henry Marx, mejor conocido como Groucho Marx— la revolución parece inminente. Un presidente rebasado por los acontecimientos abre la puerta a la intervención de un país vecino, dispuesto a impulsar el levantamiento aun cuando ello los conduzca peligrosamente al borde de la guerra.
Eso ocurrió en la ficción de “Duck Soup” (1933), mientras tanto en nuestro México de la 4T, de la comedia y tragicomedia constante, el episodio de otro comediante de nombre Marx ha puesto en vilo la llamada revolución de las conciencias del movimiento lopezobradorista.
Hay una guerra interna entre los que dejó el anterior gobierno y los que han llegado por sus fueros, porque los de ahora no pudieron estar, pero hoy es cuando. Dijeran por ahí: “atáscate que hay lodo” y se están enlodando todas y todos.
Se ha montado un gran circo ante el despido del director general de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Marx Arriaga Navarro, quien se ha negado a entregar el cargo y se atrincheró con un puñado de sus fieles… empleados.
Quizá sea esto solo una distracción sobre la figura de Jesús Ramírez Cuevas tras las acusaciones de financiamiento ilícito en el libro "Ni venganza ni perdón", escrito por Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez (2026).
Sin embargo, abrir más frentes o crisis pareciera un deporte extremo en el gobierno actual el cual no logra colocar bien los cimientos del segundo piso que tanto nombran y los principales actores para derruir son ellos mismos.
Es pues inverosímil ver este tipo de absurdos de comedia de los hermanos del tal Marx, hermanos del movimiento, camaradas, o como se quieran hacer llamar porque ponen en una encrucijada a los morenistas, apoyar a los del anterior gobierno (López Obrador) o a los de actual (Claudia Sheinbaum).
Al final van a premiar con algo al filólogo y su Capital crecerá porque, según él, defenderá con dignidad los principios del lopezobradorismo. Cuestión de tiempo.
Marejadas
En tanto, el Servicio Exterior Mexicano (SEM) es humillado día a día sin que ninguno de sus miembros alce la voz para exigir un poquito de dignidad.
Desde siempre han querido verlos como un basurero en donde depositar a “políticos” y personajes incómodos o premiarles.
¿En dónde está el Canciller Juan Ramón de la Fuente para defenderlos? ¿Por qué un secretario de Educación ofrece embajadas como si fueran plazas de maestros de la federación? ¿Así de irrelevante es el SEM para el Doctor Psiquiatra?
Son preguntas que suenan más a reclamo, pero alguien debería hacerlas dentro de la misma Secretaría de Relaciones Exteriores.
Menudo favor sería ver a un Marx Arriaga siendo Embajador de la "República de Banania".