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Las pequeñas púas en busca de árboles lozanos

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Y por más que abunden la leña seca y la maleza hay asimismo árboles lozanos. T.S. Eliot

El muérdago es una planta siempre verde que vive de la vida de los árboles. Se le ha vinculado con lo sagrado por no tocar la tierra e incluso se ha llegado a considerar como un envío del cielo. Sin embargo, esta plaga de tallos que se dividen desde la base en varios ramos, desparramados, ahorquillados, cilíndricos y divididos por nudos, armados de púas pequeñas (RAE), ha sido elegida para dar nombre a esta columna que tiene como objetivo nutrirse de las ramas de la poesía, buscar la copa de los árboles máslozanos y mostrar ahí sus flores duales (dioicas).La sacralidad de este parásito se ha reducido a la herbolaria y es ahora un tratamiento experimental contra el cáncer.

Se conoce al árbol al cuestionar sus frutos y, de estos, me interesa reconocer las rutas por las que caen al suelo: identificarsi los libros han sido concebidos como unidades o son la sana suma de poemas únicos.Qué busca el poema o hasta dónde llega la línea. Principalmente, me entusiasma recoger poemarios donde el lector y la poesía importen más que el autor, sin perseguir el anonimato poético.

No me interesa la imagen del poeta que se adentra cada vez más en la cultura pop y se coloca en los caminos, siempre tentadores, de la fama inmediata. Las figuras actuales de la poesía que se muestran en las redes sociales como personajes o la comunidad virtual de comentarios creativos sobre las realidades del verso, convertido en muestra contundente del genio oingenio contemporáneo tampoco me parecen atractivos.Hay una monotonía expuesta al hablar de las necesidades de los autores a quienes dicen explorar yregresan a los caminos del siglo pasado. Se presentan como artículos novedosos, de laboratorio, y la validez está más allá del artificio, en el trabajo formal, en ocasiones, de los mismos autores.

Esos poetas jóvenes que atienden un lenguaje en desuso (¡Oh!, sirena oculta entre las milpas de mi pueblo, / yo te llevaba a tu casa en aquellos días lejanos de mi mocedad) me llevan a creer que el aburrimiento es un elemento necesario en su poesía. Textos de una comodidad disfrazada de riesgo (Sorprendente pero cierto,/ el canario decía todo esto/ con un sencillo pío-pío), me hacen creer que importa más ser parte inteligible de un grupo que hacer un grupo de textos inteligentes.

No todo es aburrimiento en este paisaje hecho de líneas y lentejuelas virtuales, para beneficio de lectores que no se dejan encandilar con los destellos de una farándula activa. Aún hay poetas rigurosos que asumen el vértigo de la modernidad y admiten su lugar en un mundo que ya no es el del sacerdote ni el de la estrella pop, sino el del hombre (varón y mujer) que escribe otorgando el valor justo a la línea, al poema y al libro como unidad que nos lleva al asombro verdadero; que nos confrontan con inteligencia, nos conmueven con sensibilidad para invocar las presencias más inesperadas y consiguen renovaralgo en la concepción del mundo.

Ciertos rituales en las sociedades antiguas recomendaban cortar el muérdago al sexto día de la luna, cuando esta ya había tomado fuerza. Era el momento de la inmolación, de desollar a la víctima y mostrar a la luz sus adentros. Al sexto día de la semana, gracias a la invitación de Jeremías Marquines, aparecerá el nuevo brote crítico de Muérdago, una plaga que pretende evidenciar la vida de la rama en la que se posa.

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