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Ciudad de México.- El domingo cayó la noche sobre la Plaza de la Constitución y el asfalto se volvió escenario. Desde temprano, familias enteras, jóvenes con pancartas y seguidores que acamparon durante días aguardaban el momento en que la música encendiera el centro histórico. Cuando Shakira apareció poco después de las 20:30 horas, el Zócalo dejó de ser plaza cívica para convertirse en una marea viva.
Más de 400 mil personas —según cifras oficiales compartidas por la jefa de Gobierno, Clara Brugada— ocuparon no solo la explanada principal sino también las calles aledañas, hasta alcanzar el eco del Monumento a la Revolución. La cifra marcó un nuevo récord de asistencia en ese espacio emblemático, superando convocatorias recientes como las de Los Fabulosos Cadillacs y Grupo Firme.
México como casa emocional
Pero más allá del número, lo que quedó fue el pulso cultural de una ciudad que adopta como propia a la artista que la nombra “mi casa”. Shakira habló de nostalgia, de gratitud y de un vínculo que —dijo— no se compara con nada. La escena fue íntima pese a la multitud: una loba frente a su manada mexicana.
El repertorio tejió pasado y presente. Sonaron clásicos que marcaron generaciones y temas recientes de la gira Las Mujeres Ya No Lloran, reconocida por el Récord Guinness como la gira latina más exitosa de todos los tiempos, con cifras históricas de recaudación y asistencia global. En México, el fenómeno ya había quedado claro: 13 fechas agotadas en el Estadio GNP y 800 mil boletos vendidos, antes de este cierre abierto y gratuito.
Un repertorio que une generaciones
En el Zócalo, la artista no solo cantó; compartió memoria. Interpretó “Acróstico”, dedicada a sus hijos; revisitó himnos como “La tortura”, junto a Alejandro Sanz en su versión original; evocó el fenómeno global de “Hips Don’t Lie”, popularizado con Beyoncé en escenarios internacionales; y celebró colaboraciones recientes con Karol G y Rauw Alejandro, además de su sesión con Bizarrap.
Cada canción fue coreada como si la plaza entera fuera un solo coro. La emoción colectiva convirtió versos en patrimonio compartido.
Cultura, ciudad y derrama colectiva
El gobierno capitalino desplegó 24 pantallas y más de 6,500 servidores públicos para garantizar seguridad y logística. La Cámara Nacional de Comercio estimó una derrama económica superior a 403 millones de pesos y una ocupación hotelera mayor al 90 % en el primer cuadro de la ciudad. La cultura, una vez más, mostró su poder como motor urbano.
Una despedida con bandera en alto
Al final, Shakira ondeó la bandera mexicana. “Gracias por ser mi familia”, dijo antes de despedirse. Y en ese gesto quedó resumido el sentido de la noche: no fue solo el cierre de una gira en México, sino la confirmación de un lazo cultural que se renueva cada vez que la música convierte la plaza pública en territorio emocional compartido.