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Oslo.- Para un país que pasó casi tres décadas borrado del mapa de las grandes citas futbolísticas —su última participación mundialista había sido en Francia 1998—, llegar a los cuartos de final del Mundial de 2026 en Norteamérica ya era una hazaña. Pero perder 2-1 en la prórroga contra Inglaterra dolió en el alma. Lo que nadie esperaba es que la decepción se transformara en la mayor movilización de masas que ha visto Oslo en su historia reciente.
Más de 100 mil aficionados inundaron las calles de la capital noruega bajo el sol del verano nórdico para recibir a su selección como si fueran campeones del mundo. Desde el saludo de los cañones de agua al aterrizar el avión, pasando por una recepción con el rey Harald, hasta un desfile en autobús descapotable que la policía apenas podía abrir paso, Noruega dejó claro que este equipo ya es eterno para su gente.
La teoría del "cable de la cámara" que la FIFA intenta silenciar
Detrás de la fiesta, sin embargo, late una profunda sensación de injusticia que la delegación noruega no piensa callar. El seleccionador Stale Solbakken volvió a encender la polémica al recordar el polémico gol del empate del inglés Jude Bellingham en la primera mitad:
- La acusación noruega: Solbakken sostiene que el balón golpeó un cable de la cámara aérea suspendido sobre el terreno de juego justo antes de la anotación inglesa, lo que desvió su trayectoria y alteró la jugada.
- La postura de la FIFA: El máximo organismo del futbol ha negado categóricamente el incidente en repetidas ocasiones, negándose a revisar a fondo las tomas de transmisión que exigen los nórdicos.
Cerveza en el autobús, Haaland ausente y el príncipe al tambor
El desfile de 1.3 kilómetros hasta la Plaza del Ayuntamiento dejó imágenes memorables que ya son virales en las redes sociales. El delantero estrella del Manchester City, Erling Haaland, y el mediocampista Sander Berge tuvieron que abandonar la comitiva de forma prematura debido a un retraso de cuatro horas en su vuelo de regreso desde Estados Unidos. Su ausencia impidió que participaran en el tradicional "remo vikingo" en las escaleras del Palacio Real, un emotivo ritual de aplausos liderado nada menos que por el propio príncipe heredero Haakon tocando el tambor ante la multitud.
Sin embargo, el resto de la plantilla no dejó que eso enfriara los ánimos. Entre tragos de cerveza y banderas al viento, los jugadores tuvieron incluso que agacharse en la cubierta superior del autobús para esquivar cables de luz de la ciudad que colgaban a baja altura, un momento de comedia que los aficionados celebraron entre risas.
El despertar de un gigante dormido
"No creo que nadie hubiera imaginado algo así. El apoyo que hemos recibido, tanto en Estados Unidos como aquí en casa, ha superado todas las expectativas", confesó conmovido el capitán del Arsenal y de la selección, Martin Ødegaard. Y es que, más allá de la polémica del cable o del adiós en cuartos, Noruega ha demostrado que con su actual generación dorada el futbol de élite ya no es propiedad exclusiva de las potencias de siempre.