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La creciente tensión en Oriente Medio ha colocado al estrecho de Ormuz en el epicentro de la crisis. Irán no solo respondió militarmente a la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel, sino que también activó una de sus principales cartas estratégicas: la presión sobre el corredor energético más sensible del planeta.
Estreno del Fattah-2 en el frente militar
En el plano bélico, la agencia Fars informó que Teherán empleó por primera vez el misil hipersónico Fattah-2 contra bases estadounidenses en la región. El proyectil, con un alcance aproximado de 1.500 kilómetros, incorpora un vehículo planeador hipersónico (HGV) capaz de maniobrar dentro de la atmósfera a velocidades extremas.
Según detalló Tasnim, este tipo de sistema vuela a menor altitud que los misiles balísticos convencionales y puede modificar su trayectoria en pleno vuelo, lo que dificulta su detección e interceptación por los sistemas antimisiles. Su velocidad variaría entre Mach 5 y Mach 20, dependiendo del diseño.
La ofensiva iraní se produjo tras el ataque “preventivo” anunciado por Israel contra la República Islámica, al que posteriormente se sumó Washington. En los bombardeos, según Teherán, murió el líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, junto a varios altos cargos y familiares.
El estrecho de Ormuz como palanca estratégica
Más allá del frente militar, el foco se desplazó rápidamente al ámbito marítimo. Tras mensajes iraníes que prohíben el tránsito por el estrecho de Ormuz —por donde circula cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas— varias navieras internacionales suspendieron operaciones.
La alemana Hapag-Lloyd anunció que detiene el paso de sus buques por la zona hasta nuevo aviso. La francesa CMA CGM interrumpió el tránsito vinculado a sus rutas regionales, mientras la japonesa Nippon Yusen ordenó evitar el estrecho. Por su parte, la danesa Maersk redirige contenedores por la ruta que rodea África.
Reportes apuntan a que decenas de petroleros permanecen a la espera en ambos extremos del paso, mientras se registran incidentes de seguridad cerca de las costas de Omán y Emiratos Árabes Unidos. Aunque no existe un anuncio formal de cierre, el riesgo ha sido suficiente para alterar las cadenas logísticas globales.
Impacto potencial en los mercados
Analistas energéticos advierten de que una interrupción breve podría ser absorbida por el mercado internacional. Sin embargo, un bloqueo prolongado del estrecho podría impulsar el precio del crudo hasta los 100 dólares por barril y desencadenar nuevas presiones inflacionarias a escala mundial.
En este escenario, el estrecho de Ormuz vuelve a consolidarse como la principal herramienta de presión geopolítica de Irán, en una crisis que ya trasciende el ámbito regional y amenaza con repercusiones económicas globales.